Como ya todos nuestros oyentes y lectores saben, anteayer martes, en las elecciones legislativas y de Gobernadores de medio término en Estados Unidos, el Partido Demócrata ganó la mayoría del Senado y de la Cámara de Representantes, además de que obtuvo gobernaciones que eran, en algunos casos, bastiones históricos del Partido Republicano.
Con una victoria tan contundente, los demócratas podrán bloquear leyes, frenar nombramientos judiciales y de altos cargos del gobierno, además de impulsar investigaciones sobre la administración republicana, algo que lo han venido anunciando y que ahora, con el poder en las manos lo han ratificado.
Para tomar el control del Senado, que era el objetivo más difícil de conseguir, los candidatos demócratas debían ganar en centros de poder republicano muy fuertes, algo que sucedió en Carolina del Norte, Carolina del Sur, Iowa, Kansas, Maine, Ohio y Texas.
Uno de los reveses históricos más significativos se dio en el estado de Kansas, donde los sillones en el Senado los ocupaban republicanos desde hace casi 100 años. En esta oportunidad, el pastor metodista Adam Hamilton ganó frente al republicano Roger Marshall.
En Texas, donde los republicanos dominaban desde hace más de tres décadas, los demócratas obtuvieron tanto la banca en disputa en el Senado como la gobernación. James Talarico, antiguo maestro de escuela y estudiante de seminario presbiteriano venció a Ken Paxton en la contienda para la Cámara Alta. La elección a gobernador en Texas la ganó la demócrata Gina Hinojosa, que venció a Greg Abbott. La última vez que los demócratas ganaron un escaño en el Senado por Carolina del Sur había sido en 1998. Casi 30 años después, la pediatra Annie Andrews derrotó a la senadora republicana Darline Graham. Y en el estado de Iowa, venció el demócrata Josh Turek, algo que su partido no conseguía desde hace casi 20 años.
Ningún analista medianamente serio puede decir que el triunfo de los demócratas en la Cámara Baja haya sido sorpresivo. Hace no menos de seis meses que todas las encuestas demostraban que el descontento de grandes mayorías por el costo de la guerra, el costo de vida inflacionario, el aumento de los combustibles, entre otros factores, tenían enojados a los electores, quienes sentían algo clave en cualquier elección: sus bolsillos y poder adquisitivo se iba reduciendo, así que la reacción sería cambiar la votación de años anteriores. La discusión sobre el Senado también ha parecido más propaganda que realismo. Los resultados en los bastiones republicanos que hemos ya mencionado demuestran que hacía tiempo que los votantes tenían decidido expresar sus contrariedades a través del voto. Texas es el ejemplo más claro y simbólico de ello.
En la campaña se gastó una cifra récord que superó los 11,900 millones de dólares, según los registros oficiales de la Comisión Federal Electoral. Esto convierte a este proceso electoral en las elecciones intermedias más caras de la historia de Estados Unidos, superando por primera vez el gasto total de un ciclo de elecciones presidenciales previo. La cifra es sideral por donde se la mire y ambos partidos gastaron más o menos lo mismo. Fue un enfrentamiento duro, irrespetuoso en muchos casos, agresivo en general y así como no se midieron palabras en los discursos de nadie, menos se midió el uso del dinero en medio de una disputa electoral que tenía como tema central la inflación, el desempleo, la baja del poder adquisitivo. Una cuarta parte de todos los fondos provino de un grupo exclusivo de apenas 50 multimillonarios. El mayor donante individual fue Elon Musk, quien aportó 474 millones de dólares dirigidos a respaldar causas y comités republicanos.
Además del dinero, de la economía, hubo candidatos al Senado que decidieron mostrar su rostro verdadero y así ganaron bancas. ¿Cómo? Con mensajes de odio, de incitación, esos que si funcionaron en Europa hace un siglo, ¿por qué no habrían de hacerlo ahora?
Hace tres meses, cuando el candidato demócrata al Senado por Michigan Abdul El-Sayed fue nominado por su partido, dijo inmediatamente después de su victoria y en una entrevista concedida al programa Morning Joe, que Israel tiene un gobierno “sediento de sangre, que ha cometido un genocidio y mantiene un régimen de apartheid ilegal”. Pero nadie le retrucó ni su odio, ni su falsedad ni su tontería de hablar de “apartheid ilegal”, como si en Sudáfrica o Rodesia el apartheid real que allí existió hubiese sido “legal”. Por otro lado, El-Sayed es un ideólogo. Y logró apoyos vergonzosos. Chuck Schumer, considerado desde hace tiempo uno de los principales aliados de Israel en el Senado (según la percepción del liderazgo comunitario) dijo hace tres meses: “El-Sayed ha llevado a cabo una campaña enérgica que ha inspirado a miles de habitantes de Michigan en todo el estado, con un claro enfoque en la reducción de costos y la defensa de las familias trabajadoras. Lo felicitamos por su victoria y nos enorgullece apoyarlo”. El amigo cercano de El-Sayed, el presentador de podcasts Hasan Piker, justificó el asesinato de casi 3.000 personas hace 25 años, aprobando la barbarie del 11 de setiembre de 2001. El-Sayed no tuvo problema con la declaración y le pidió a esta figura mediática de que hiciera campaña con él para reforzar su imagen de “pro-resistencia”. Explorarhistoria
En marzo de este año, después de que un terrorista armado inspirado por Hezbolá estrellara un coche cargado de explosivos contra la sinagoga Templo Israel en West Bloomfield, Michigan, El-Sayed dijo que “las personas heridas hieren a otras”, refiriéndose a informes de que miembros de la familia del terrorista habían muerto en ataques israelíes contra posiciones de Hezbolá en el sur del Líbano. “La violencia es un ciclo”, dijo El Sayed para que no quedaran dudas. Explorarhistoria
El suegro de El-Sayed, Jukaku Tayeb, es líder de lo que el gobierno federal describe como un grupo fachada de la rama estadounidense de los Hermanos Musulmanes, un grupo que es socio de Hamas y que en su momento asesinó a Sadat por firmar la paz con Israel. Se estima que hay más de 200.000 votantes musulmanes en Michigan, y en materia de política exterior votan en bloque porque comparten la misma creencia: Israel es la raíz de todos los males. Como afirmó El-Sayed durante la campaña electoral: “No estoy de acuerdo con decir que, como senador de Michigan, voy a tomar el dinero de los impuestos y enviarlo a un gobierno extranjero que comete atrocidades contrarias a los ideales que yo defiendo. Deberíamos usar nuestros impuestos aquí en lugar de enviarlos allí para comprar bombas y tanques que se utilizan para impulsar el apartheid y el genocidio”. Explorarhistoria
Y este martes Abdul El-Sayed, a quien la Coalición Judía Republicana calificó como “el candidato al Senado más antisemita de Estados Unidos”, derrotó al republicano Mike Rogers y ahora será el primer musulmán elegido Senador en Estados Unidos. Insulta a los gobernantes de Israel un día sí y otro también, y se opone a la definición de antisemitismo del IHRA. Parece lógico que se oponga porque de acuerdo con la definición el discurso de El Sayed es cien por cierto antisemita. Explorarhistoria
Las congresistas del Partido Demócrata Ilhan Omar de Minessota, Rashida Tlaib de Michigan, pregonan hace años una violenta política de acusación a Israel de todos los males de Estados Unidos y el mundo. Hoy, están más felices porque tienen dos aliados fuertes: Mamdani, el alcalde de Nueva York y ahora el Senador Abdul El Sayed. Tienen un enemigo en común: la nación judía sin exclusiones, aliados de sus ideas y actos en América Latina y Europa, y comienzan dos años de campaña para que el próximo presidente de EE. UU. no sólo sea de su partido, sino que comparta sus ideas, lo cual justo es decirlo, no lo hacen la mayoría de los congresistas y Gobernadores demócratas.
Pero el odio está allí, pronto para seguir avanzando. Las izquierdas latinoamericanas y europeas sueñan con retroceder 100 años atrás. La democracia más grande del mundo tiene desafíos que seguramente sus padres fundadores no imaginaron. Los extremos no construyen democracia, la destruyen. Le toca a la esencia de los partidos democráticos que han escrito la historia americana hasta el presente, estar a la altura de desafíos muy grandes que cuestionan la vida civilizada misma.




















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