“Lo que une a los hombres, dijo, no es compartir el pan, sino compartir los enemigos”. Cormac McCarthy, Blood Meridian El antisemitismo es, sobre todo, una herramienta con múltiples aplicaciones. Fundamentalmente opera como un archipiélago de prismas deformantes de la realidad; un condensador para las necesidades de creer, para las pulsiones de cobarde violencia; y, finalmente, como un artilugio de transferencia de carencias, impotencias y vilezas propias a “otro” idealmente imaginado. Así, ofrece la posibilidad de ejercer un trasunto de la política (“global”, “trascendental”) ...































