Tal vez Barack Obama sí merezca el Premio Nobel, después de todo. Su logro: acercar a los israelíes y a los árabes. Al dejarlos a los pies de los caballos. Así las cosas, tomaron café y un poco de baklava y reconocieron cuánto tienen en común. Una prueba de esta relativa distensión: la reunión que mantuvieron en octubre el primer ministro Benjamín Netanyahu y el sultán Qabús ben Said al Said en la pintoresca capital de Omán. Estuvieron diez horas en el ...































