Desde que Barack Obama asumiera la presidencia de EEUU, las relaciones de América con Israel han experimentado un giro a la vez profundo y sorprendente: Jerusalén ha pasado de ser un aliado privilegiado, el bastión de Occidente en la zona, a un problema y un obstáculo en las relaciones de Washington con el Islam. La falta de sintonía política entre Obama y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, supuso un factor de complicación más justo cuando ...