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| miércoles diciembre 4, 2019
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Poner Fin al Boicot Árabe a Israel


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Sobre las antiguas paredes de Jerusalén había viejos ventiladores que traqueteaban con sonido de viento. No había dinero para aire acondicionado. La alfombra de los fieles era vieja y andrajosa. Yo estaba dentro de uno de los edificios más significativo del mundo, pero los andamios y el desorden me impedían ver el centro de la Cúpula de la Roca.

Fugas de agua, desaliñados estantes para zapatos y sucios azulejos antiguos le daban una sensación de falta de armonía al tercer sitio más sagrado del Islam. No, esto no era culpa de los judíos u occidente, sino de los musulmanes que afirman luchar todos los días para «liberar Jerusalén» y, sin embargo, descuidan el mismo corazón de esta ciudad. ¿Por qué? ¿Y cómo puede esto cambiar?

Hace poco visité por primera vez Israel y la Margen Occidental. Soy musulmán y, en las comunidades musulmanas de todo el mundo, visitar Israel es apoyar a «la entidad sionista» y, por lo tanto, arriesgarse al aislamiento social. Esta mentalidad no sólo es obsoleta, es autodestructiva.

La Liga Árabe inició su boicot a los productos sionistas en 1945 y, más tarde, creó una Oficina Central de Boicot para asegurar un mínimo contacto árabe con Israel. En realidad, los Estados del Golfo y otros sortean esta política, pero las masas árabes y musulmanas aún tienen que liberarse de la mentalidad de boicotear todas las cosas israelíes.

Desde su podio en Al Jazeera, un clérigo prominente, Yusuf al-Qaradawi, además de justificar los atentados suicidas contra los israelíes, ratifica regularmente sus fatwas instando a los musulmanes a evitar el contacto con Israel. Recientes intentos, por parte de académicos marxistas europeos, de boicotear a Israel han dado apoyo a esta contraproducente actitud.

En muchas mezquitas y universidades este punto de vista podría reforzar el complejo de superioridad de algunos académicos y clérigos musulmanes. Pero las principales víctimas de este boicot no son los israelíes, sino los palestinos. La economía de Israel es floreciente, mientras que los palestinos languidecen en miserable pobreza. El boicot árabe de décadas de duración ha fracasado miserablemente. Se estima que el 70 por ciento de las familias palestinas, en Jerusalén Oriental, viven por debajo del umbral de pobreza.

Los árabes de los países vecinos no visitan Jerusalén debido al boicot, pero muchos hombres árabes no se dan ese lujo: Encuentran trabajo como limpiadores y porteros en hoteles de la ciudad, o en empresas de propiedad judía, o viajan a la Margen Occidental para encontrar trabajo.

Mucha gente condena los asentamientos israelíes y llaman a un boicot económico de sus productos, pero vi que eran constructores árabes, plomeros, taxistas y otros trabajadores los que tenían estilos de vida israelíes. El separatismo en Tierra Santa no ha funcionado y ha llegado el momento de ponerle fin. ¿Cuánto tiempo más vamos a castigar a los palestinos para crear una Palestina libre?

Abandoné la ideología grupal musulmana y fui a Israel, porque existe un nuevo impulso en la región. El ex gran muftí de Egipto, Ali Gomaa, y el destacado académico Habib Ali al-Jifri, rompieron filas con Qaradawi y fueron a Jerusalén en abril pasado. Justificaron su visita en las escrituras, citando el estímulo del Profeta Mahoma para que los creyentes visiten la Tierra Santa. Su viaje fue facilitado por el príncipe Ghazi bin Muhammad bin Talal de Jordania, el principal asesor religioso del rey Abdullah II.

Los líderes musulmanes de Jerusalén dieron la bienvenida a ambos y los imanes palestinos pidieron el fin del boicot árabe de Al Jazeera árabico y otros medios de comunicación. Este fue un desafío directo a los radicales como Qaradawi y sus partidarios en la Hermandad Musulmana en El Cairo y el partido islamista Ennahda en Túnez. ¿Por qué quieren continuar con el boicot?

El acuerdo de libre comercio de Turquía con Israel, que está dando resultados a los dos países, las cordiales relaciones de Jordania con el estado judío y la nueva muestra de liderazgo de dos destacados académicos, nos muestran que no todos los árabes y musulmanes se dedican a la confrontación.

El presidente Obama tiene previsto visitar Israel y Jordania este mes. Hablar de reanudar las negociaciones de paz está una vez más en el aire, pero las conversaciones fracasarán nuevamente a menos que haya un más amplio cambio en las actitudes. El Primer Ministro Benjamin Netanyahu, a pesar de sus fallos, tiene razón al identificar una variedad más amplia de intolerancia hacia Israel. Los países de la Primavera Árabe no pueden ser serios sobre su deseo de democracia cuando les prohíben a sus ciudadanos visitar los lugares santos musulmanes (y judíos y cristianos).

La voz de los imanes palestinos que quieren ver el fin del boicot debe ser amplificada. Los líderes religiosos del seminario Al Azhar en Egipto o de la Universidad de Medina en Arabia Saudita, que abogan por la paz, son frecuentemente ignorados por los legisladores, a pesar de que tienen gran influencia popular. Un acuerdo de paz suscrito por imanes moderados como estos, tendría amplia influencia política y religiosa.

Sin un cambio de actitud, nunca se disiparan las preocupaciones de seguridad de Israel. Humanizar a Israel a los ojos árabes – reuniendo a aliados musulmanes de Estados Unidos, abordando el antisemitismo en los textos escolares y en los sermones en las mezquitas, permitiendo que los ciudadanos árabes visiten y negocien con Israel – son primeros pasos imprescindibles.

Para ser creíble a los ojos musulmanes, cualquier acuerdo de paz requiere el respaldo de las principales potencias sunitas, entre ellas Arabia Saudita, Turquía y Egipto. Con organizaciones islamistas de varias tonalidades en el poder en Ankara, Túnez, Gaza, El Cairo y en aumento en Libia, Yemen, Siria y Jordania, occidente no puede seguir ignorando la dimensión religiosa del conflicto árabe-israelí.

A menos que se dome al tigre islamista, dentro de una década miraremos hacia atrás y nos lamentaremos.

Ed Husain es un miembro distinguido de Estudios de Medio Oriente en el Consejo de Relaciones Exteriores.

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

 
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