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Después de los Más Extensos Estudios Jamás Realizados, Ahora Es Oficial:

Una Copa de Vino Tinto con la Cena Puede Mejorar La Salud Cardiovascular de las Personas Con Diabetes Tipo 2, De Acuerdo Con Investigadores de la UBG

Tanto el Vino Rojo como el Blanco Pueden Mejorar El Control Del Azúcar - Dependiendo del Perfil Genético


Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

Beer-Sheva, Israel, 13 de octubre de 2015 – Una copa de vino tinto cada noche puede ayudar a las personas con diabetes tipo 2 a controlar su colesterol y salud cardiaca, de acuerdo con los nuevos hallazgos de una prueba experimental aleatoria controlada (ECA) de dos años, dirigida por investigadores en la Universidad Ben Gurion del Negev (UBG). Además, tanto el vino tinto como el blanco pueden mejorar el control de azúcar, dependiendo del perfil genético de metabolismo del alcohol.

En este primer estudio de alcohol de largo plazo, recién publicado en los prestigiosos Anales de Medicina Interna, los investigadores tuvieron como objetivo evaluar los efectos y la seguridad de iniciar el consumo moderado de alcohol en diabéticos, y trataron de determinar si el tipo de vino tiene importancia. Las personas con diabetes son más susceptibles a desarrollar enfermedades cardiovasculares que la población general y tienen niveles más bajos de colesterol “bueno”. A pesar de la enorme contribución de los estudios observacionales, las recomendaciones clínicas para el consumo moderado de alcohol siguen siendo controvertidas, en particular para las personas con diabetes, debido a la falta de ensayos controlados aleatorios de largo plazo, que son el “santo grial” de la medicina basada en evidencias.

“Se encontró que el vino tinto es superior en la mejora de los perfiles metabólicos generales, principalmente por mejorar moderadamente el perfil lipídico, mediante el aumento del colesterol bueno (HDL) y la apolipoproteína A1 (uno de los principales constituyentes del colesterol HDL), mientras que disminuye la relación entre el colesterol total y el colesterol HDL”, explican los investigadores.

Los investigadores concluyeron que “comenzar a consumir moderadamente vino, especialmente vino tinto, entre los diabéticos bien controlados, como parte de una dieta saludable, es aparentemente seguro, y disminuye moderadamente el riesgo cardio-metabólico. Los efectos genéticos diferenciales que se encontraron pueden ayudar a identificar a pacientes diabéticos en los que el consumo moderado de vino puede inducir a un mayor beneficio clínico”.

Los investigadores también encontraron que sólo los que metabolizaban lentamente el alcohol y que que bebían vino, lograron una mejora en el control de azúcar en la sangre, mientras que los que metabolizaban rápidamente el alcohol (eliminando mucho más rápidamente el alcohol de la sangre) no se beneficiaron del efecto de control de glucosa del etanol. Se encontró que aproximadamente uno de cada cinco participantes metabolizaba rápidamente el alcohol, identificados a través de pruebas de variantes genéticas de la enzima ADH.

El vino de cualquier tipo (tinto o blanco) no afectó el cambio de la presión arterial,  las pruebas de función hepática, la adiposidad o eventos o síntomas adversos. Sin embargo, la calidad del sueño mejoró significativamente en ambos grupos de vino, en comparación con el grupo de control de agua. Todas las comparaciones fueron ajustadas por cambios en los parámetros clínicos, médicos y de terapia de drogas que se produjeron en los pacientes durante los años del estudio.

Las pruebas de intervención aleatoria controlada de dos años de duración, CArdiovaSCulAr Diabetes y Etanol (CASCADE), se llevaron a cabo en 224 pacientes diabéticos controlados (45 a 75 años), que en general eran abstemios al alcohol. Iniciaron gradualmente el consumo moderado de vino, como parte de una plataforma de dieta saludable, y no antes de conducir. Las pruebas se completaron con una tasa de adhesión sin precedentes del 87 por ciento al cabo de 2 años.

De acuerdo con la Prof. Iris Shai de la UBG, investigadora principal de la prueba CASCADE, y miembro del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Ciencias de la Salud, “Las diferencias encontradas entre el vino tinto y el blanco fueron contrarias a nuestra hipótesis original de que los efectos beneficiosos del vino están mediados predominantemente por el alcohol. Aproximadamente 150 ml de los vinos tintos o blancos secos probados contenían aproximadamente 17 g de etanol y aproximadamente 120 kCal, pero el vino tinto tenía niveles siete veces mayores de fenoles totales y niveles 4 a 13 veces más altos de los compuestos del grupo específico resveratrol que el vino blanco. Las interacciones genéticas sugieren que el etanol juega un papel importante en el metabolismo de la glucosa, mientras que los efectos del vino tinto, además, involucran componentes no alcohólicos. Sin embargo, todas las conclusiones clínicas de los hallazgos CASCADE deben tomarse con cautela con cuidadoso seguimiento médico”.

El estudio se realizó en colaboración con el Prof. Meir Stampfer de la Universidad de Harvard, EE.UU., y con colegas de la Universidad de Leipzig, Alemania y el Instituto Karolinska, Suecia.

En el nuevo estudio de tres meses que siguió a los hallazgos de la investigación del grupo piloto de alcohol ECA (Shai I, et al., Diabetes Care 2007), los pacientes fueron divididos al azar en tres grupos iguales en función de si consumían cada noche, durante dos años, una medida de 150 ml de agua mineral, vino blanco o vino tinto con la cena. El vino y el agua mineral eran proporcionados gratuitamente para los fines del estudio. El cumplimiento de la ingesta de alcohol fue controlado estrictamente, los pacientes devolvían sus botellas de vino vacías y recibían sus nuevos suministros. Todos los grupos siguieron una dieta mediterránea no restringida en calorías (después de los hallazgos dietéticos ECA de los dos años anteriores del grupo; Shai I, et al, NEJM 2008.). La adhesión fue monitoreada mediante varias herramientas de evaluación validadas.

Durante el estudio, los sujetos fueron sometidos a una serie de exámenes médicos completos, incluido el seguimiento continuo de los cambios en la presión arterial, la frecuencia cardíaca y los niveles de glucosa en sangre, y el seguimiento de la dinámica de la aterosclerosis y la grasa por ultrasonido y pruebas de resonancia magnética.

El estudio fue financiado por una beca de la Fundación Europea para el Estudio de la Diabetes (EFSD) de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD).

Se adjunta una copia del artículo.

Para más información:

Prof. Iris Shai

[email protected]

+ 972-52-579-3040

 

Acerca de la UBG

La Universidad Ben-Gurion del Negev aspira a cumplir la visión del primer Primer Ministro de Israel, David Ben-Gurion, que creía que el brillante futuro científico de Israel estaba en el desarrollo del Negev, el vasto desierto del sur de Israel. Hoy en día, en sus campus de Beer-Sheva, Sde Boquer y Eilat, cerca de 20.000 estudiantes están matriculados en las Facultades de Ciencias de la Ingeniería, Ciencias de la Salud, Ciencias Naturales, Humanidades y Ciencias Sociales y en la Facultad de Empresa y Gestión Guilford Glazer.

UBG realiza importantes investigaciones de primera categoría en biotecnología, conversión y encuentros interreligiosos, seguridad cibernética, energía, política y sociedad europea, literatura Hebrea, Pensamiento Judío, nanotecnología, neurociencias, robótica, y agua y agricultura.

Cuando se acerca su 50 aniversario, la Universidad da la bienvenida a emocionantes desafíos en innovadores campos de investigación de importancia global y se esfuerza por traer nuevas oportunidades a Beer-Sheva y al Neguev, como el Advanced Tecnologies Park y la Iniciativa CyberSpark. Miles de estudiantes participan en actividades orientadas a la comunidad y proyectos especiales de tutoría, al mismo tiempo que buscan la excelencia académica.

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Los autores del trabajo: Yftach Gepner* 1, Rachel Golan* 1, Ilana Harman-Boehm 2, Yaakov Henkin 2, Dan Schwarzfuchs 3, Ilan Shelef 2, Ronen Durst 4, Julia Kovsan 1, Arkady Bolotin 1, Eran Leitersdorf 4, Shoshana Spitzen 4, Shai Blag 4, Elad Shemesh 2, Shula Witkow 1, Osnat Tangi-Rosental 1, Yoash Chasidim 2, Idit F. Liberty 2, Benjamin Sarusi 3, Sivan Ben-Avraham 1, Anders Helander 5, Uta Ceglarek 6, Michael Stumvoll 6, Matthias Blüher 6, Joachim Thiery 6, Assaf Rudich 1, Meir J. Stampfer 7, e Iris Shai 1.

1 Universidad Ben-Gurion del Negev, Israel

2 Universidad Soroka Medical Center, Israel

3 Centro de Investigación Nuclear del Neguev, Israel

4 Universidad Hebrea Hadassah Medical Center, Israel

5 Instituto Karolinska, Suecia

6 Universidad de Leipzig, Alemania

7 Escuela de Salud Pública  de Harvard, EE.UU.

* contribución equivalente

 

 
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