Por Israel
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| domingo marzo 22, 2020
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La indiferencia como arma letal


Ya lo hemos dicho en este espacio más de una vez: creemos que es poco serio el trabajo de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, y que su Consejo es insistentemente patético. Pero eso no quiere decir que no existan y que a veces intenten mostrar seriedad, al menos, en situaciones que rompen los ojos. En ese contexto, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, dio públicamente hace dos días una actualización de su informe sobre la crisis en Venezuela.

Bachelet dijo que su oficina sigue recibiendo denuncias de tratos crueles a los presos, que “continúan las tensiones políticas” y que hay “tensiones entre fuerzas de seguridad y la población que se manifiesta pacíficamente” en las calles. También mencionó que el pasado 5 de enero las fuerzas han dificultado la llegada de los diputados opositores a la Asamblea Nacional.

Ya que Bachelet hace una denuncia sobre la situación más dramática que se vive en América Latina en décadas, con millones de venezolanos esparcidos por las Américas, y una situación alimentaria y de salubridad trágicas, ¿por qué no puede llamar las cosas por su nombre? ¿Cuál es el temor? Si igual sus denuncias caen en el enorme pozo de la indiferencia que ha logrado que apenas seamos testigos de la tragedia.

¿A Bachelet le parece que hay “tensiones” entre la policía política y paramilitar de Maduro con los manifestantes?. No hay “tensiones”. Hay violencia, asesinatos, y se acarrea a los que

el régimen le place a mazmorras con estructuras físicas medievales y castigos brutales muy modernos.

Bachelet dice que “las fuerzas” han “dificultado” la llegada de diputados a la Asamblea Nacional. ¿Por qué no especifica que fuerzas han sido? ¿Por qué usa la palabra “dificultado”, cuando sabe, porque el propio Maduro se ha jactado de ello, que los han atropellado, atacado y les han impedido ingresar al recinto al cual tienen legítimo derecho de ingresar?.

Bachelet denuncia que 11 periodistas fueron agredidos el 11 de febrero cuando Juan Guaidó llegó a Caracas de una gira internacional. Señora Alta Comisionada: Guaidó fue agredido; su tío fue detenido y Diosdado Cabello mostró una guía sobre Israel como una de las pruebas que es un hombre peligroso y hasta hoy sigue preso. Y por supuesto los periodistas fueron agredidos pero no así nomás sino brutalmente.

Bachelet concluye su informe diciendo que le preocupa el deterioro de la salud: “Sigue siendo urgente atender la atención de niños y niñas con necesidad de transplantes”. Y además, actualizó en 2,3 millones la cifra de las personas que se encuentran en inseguridad alimentaria severa y en 4,9 millones las que han abandonado el país. Cifras de horror que pueden empeorar porque en el Consejo de Derechos Humanos, entre las dictaduras que lo integran, está desde este año Venezuela, votada por la indiferencia de quienes hacen de estas tribunas y organismos un campo de retórica que ofende al sentido común.

La Alta Comisionada hizo su trabajo de acuerdo a su leal saber y entender: denuncia barbarie, represión, asesinatos, emigración incontenible y profunda miseria en las condiciones de vida de los venezolanos. Y sabe que hasta ahí llega. Y escucha al inefable representante de Venezuela en el Consejo de DDHH, Jorge Valero, decir:”Lamentamos que su presentación carezca del balance necesario, pues observa fallas metodológicas y utiliza información sesgada que puede alimentar la campaña mediática contra Venezuela”. Pero ya no va a contestar. Porque ni ella ni nadie hará nada efectivo y ejecutivo para que los venezolanos no se sigan yendo o los que quedan, mueran de enfermedades y hambruna.Y hoy, con la pandemia del coronavirus, la salida de los venezolanos de irse a otros países, también comenzará inevitablemente a acotarse y luego cerrarse.

El destacado periodista y escritor Andrés Oppenheimer ha escrito esta semana: “La trivialización de la tragedia venezolana por parte de algunos gobiernos latinoamericanos y europeos es asombrosa. El nuevo embajador de Argentina en la Organización de Estados Americanos , Carlos Raimundi, dijo que su país tratará las protestas sociales venezolanas “con el mismo interés” que tratará las manifestaciones antigubernamentales de Chile. Esta afirmación difícilmente podría ser más ridícula. Chile tiene un presidente elegido democráticamente y un Congreso en funcionamiento, libertad de expresión y de prensa y medios independientes. Venezuela nada de nada de eso”.

La indignación de Oppenheimer es lógicamente compartible. La retórica, la indiferencia, los intereses creados por las alianzas de Rusia e Irán con Venezuela, han llevado a América Latina a un abismo. Lo que Oppenheimer expresa con cuidado y precisión, es que resulta indignante que la indiferencia y los intereses tengan la fuerza de lanzar a toda la región al vacío.

Acerca de Kohn

Dr.en Diplomacia egresado de la Facultad de Derecho del Uruguay, docente de Historia de la Shoá, director de B’nai B’rith en Uruguay y B’nai B’rith Latinoamérica, Conferencista y columnista sobre Antisemitismo,DDHH y Medio Oriente.

 

 
Comentarios

Cuando el antisemitismo hizo atrocidades contra los judios, el mundo gentil se mostro indiferente,pero ahora EL corona virus no es contra judios. Es universal, quiza el universo, sienta sobre si mismo lo que los judios sintieron
y sienten por el antisemitismo.-

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