Por Israel
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| martes agosto 9, 2022

Señor Juez


Quiero aclarar a mis lectores que esto no es una carta previa a un suicidio (mal que les pese a algunos) sino que es una carta dirigida al Sr. Juez Goldstone

Sr. Juez, no quiero en esta carta hacer lo que muchos ya hicieron, o sea lanzar rayos y centellas a través de sus palabras, maldiciéndolo y tildándolo de traidor, pues yo no creo que usted sea un traidor, sino que prefiero pensar, como aprendí de mis maestros, para bien y considerar que, si bien tuvo buenas intenciones, se equivocó.

Tampoco voy a utilizar mis habituales ironías, describiendo las naciones «respetuosas de los Derechos Humanos» que integran la comisión de la ONU, como China, tan «cuidadosa» de los Derechos Humanos de tibetanos y las minorías étnicas, o como Cuba «paraíso» de Latinoamérica, gobernada por un dirigente tan bondadoso como Fidel, o Angola, que tan «bien» trato a los congoleños que vivían en su territorio.

No Sr. Juez, le voy a hablar de sensaciones.

Soy un ciudadano israelí. Vivo en la bíblica ciudad de Beer Sheba, la ciudad de los Patriarcas. Y quiero hacerle algunas preguntas. No quiero que me responda, sino que las piense.

¿Sabe usted que se siente cuando en medio de la noche el ulular de la sirena lo despierta para enviarlo al refugio?

¿Sabe lo que se siente cuando uno está en el refugio y oye la explosión, sin saber dónde cayó el misil?

¿Sabe lo que se siente cuando uno llama frenéticamente por el celular para saber si su hija, su yerno y sus nietas están bien?

¿Sabe lo que se siente al ir de compras al supermercado (hay que comer) y apretar el paso por el camino, pues hay que atravesar plazas abiertas y si hay alarma no hay refugio a la vista?

¿Sabe lo que se siente al volver de la compra cargando lo mínimo indispensable por si hay que correr a buscar refugio?

¿Sabe que se siente cuando uno debe hacer sus necesidades o bañarse lo más rápido posible por si hay alarma?

Y eso es lo que sentimos los habitantes del sur de Israel, eso es lo que sienten nuestras mujeres y niños. Sobre todo nuestros niños, que cuando escuchan una sirena estallan en llanto y gritan «¡Alarma! ¡Alarma!»

Usted en su informe ignoró todo esto, ignoró a Sderot, a Ashdod, a Ashkelon, a Beer Sheba y a sus habitantes (ellos también son civiles, por si no lo sabe).

Usted en su informe legitimó a Hamas y a su proceder criminal.

Se que ahora usted sentirá que su conciencia está tranquila y se irá a dormir en paz consigo mismo. Espero, por su propia tranquilidad, su paz de espíritu y su conciencia que, gracias a su proceder, ningún israelí pierda su vida por causa de un misil, que usted, con su omisión y su ceguera, ayudó a disparar.

ISRAEL WINICKI

isi_winicki@hotmail.com

 
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