Por Israel
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| domingo octubre 13, 2019
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La verdadera cara del BDS y sus conexiones con el terrorismo, la extrema izquierda y separatismo catalán.


  • Las campañas de BDS aseguran que buscan un Estado para Palestina, pero en realidad pretenden destruir Israel.

 

  • Deslegitimar a Israel y su derecho a existir equivalen a legitimar la violencia de cualquier tipo contra Israel.

 

  • Los movimientos de BDS y sus organizaciones están frecuentemente vinculadas a grupos terroristas.

 

  • En España la izquierda y el separatismo tienen lazos con el BDS, tanto a través de Podemos como de personajes relevantes en Cataluña.

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El movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones), formado por organizaciones de distinto tipo en buena parte del mundo, se presenta ante la opinión pública como un esfuerzo por lograr que Israel se retire de territorios ocupados en 1967 como Cisjordania o los Altos del Golán, permitiendo así que el pueblo palestino cree su propio Estado.

Los defensores y partidarios del BDS dicen que defienden los derechos humanos de los palestinos en los territorios ocupados y en el propio Israel, asegurando que el Estado judío es racista y mantiene una política de Apartheid similar a la que caracterizaba a Sudáfrica y que, efectivamente, le supuso un boicot internacional.

Lo cierto es que ni Israel es un Estado que ejerza el Apartheid -los ciudadanos de árabes que viven en Israel tienen la misma ciudadanía y los mismos derechos que los judíos: pueden votar y tienen sus propios representantes en la Knesset, participan con entera libertad de la vida pública tanto desde el punto de vista político como cultural o deportivo (es frecuente que árabes israelíes participen de las selecciones nacionales deportivas de Israel, por ejemplo) y tienen plena libertad para usar el idioma árabe.

La mayor diferencia estriba en que están exentos de contribuir al esfuerzo militar al que sí contribuyen obligatoriamente la mayor parte de los ciudadanos judíos, pero incluso el ejército está abierto a aquellos árabe-israelíes que voluntariamente quieran alistarse en él. De hecho, actualmente cientos de ellos están alistados en las IDF, aunque como cabía esperar siguen siendo una minoría dentro de su comunidad.

Con esta realidad sobre el terreno, no es de extrañar que muchos hayan entendido el BDS como lo que es -un movimiento claramente antisemita- que está recibiendo una respuesta legal importante: en España una colección cada vez mayor de resoluciones judiciales motivadas por demandas de ACOM está condenando a los ayuntamientos que han adoptado acuerdos municipales de BDS; el Ayuntamiento de París ha prohibido incluso las actividades de BDS en la ciudad; el Reino Unido ha prohibido en todo el país la aprobación de mociones de BDS en los ayuntamientos porque estas suponen “dar combustible al antisemitismo”; y hasta 25 estados de EEUU han aprobado también diversas legislaciones en contra, el último de ellos Luisiana.

Unas palabras del exministro y exalcalde de Londres Boris Johnson son un perfecto resumen de la perplejidad que el BDS causa en las mentes razonables del mundo civilizado: “No puedo imaginar nada más estúpido que pedir cualquier tipo de desinversión, sanciones o boicot contra un país que, al cabo, es la única democracia en la región y el único lugar que tiene, desde mi punto de vista, una sociedad plural y abierta”. 

Raíces históricas del BDS

Aunque lo que entendemos como movimiento BDS es relativamente reciente, los boicots contra Israel o contra las comunidades judías en la diáspora no son una novedad sino, más bien al contrario, una constante en la historia.

Durante la edad media eran frecuentes los boicots en las ciudades europeas y los propios sistemas jurídicos de los reinos de Europa establecían discriminaciones legales de diverso tipo, por ejemplo, limitando las profesiones a las que podían acceder y prohibiendo la posesión de terreno agrícola en la mayor parte de los casos. También el nazismo empezó su criminal proceso de exterminio por leyes que tenían una fuerte componente económica y cultural: expulsando a los judíos de la administración pública y las universidades y, de nuevo, vetándoles el ejercicio de determinadas profesiones.

En el propio territorio que después sería en parte Israel en 1922 el V Congreso Palestino-Árabe declaró un boicot a los judíos que vivían en la zona, tal como hizo la Liga Árabe poco después de su creación en 1945. Un boicot para el que se establecieron hasta oficinas nacionales en muchos países y que fue aún más radical tras el establecimiento del Estado de Israel, no sólo evitando las relaciones de todo tipo con el nuevo país sino forzando a la mayor parte de su propia población judía a abandonar estos países en un éxodo que afectó a cerca de un millón de personas. 

Los orígenes del actual BDS y sus fundamentos ideológicos

Tras todos esos precedentes la presente oleada de boicot antisemita empieza a gestarse en Durban (Sudáfrica) en el año 2001 y en el marco de una conferencia de la ONU -cómo no- contra el racismo en la que la delegación palestina encabezada por el propio Yaser Arafat logró que la declaración final mencionase a Israel como un “Estado de apartheid”. Este era el párrafo que luego ha dado pie a diversas declaraciones de BDS:

“Llamamos a la comunidad internacional a imponer una política de completo y total aislamiento de Israel como un Estado de apartheid como en el caso de Sudáfrica, lo que supone la imposición de sanciones y embargos obligatorios y exhaustivos y poner fin por completo a todas las relaciones (diplomáticas, económicas, sociales, militares, de cooperación y formativas) entre todos los estados e Israel”.

Durante los primeros años este llamamiento sólo tuvo eco en algunas organizaciones en países occidentales, pero en julio de 2004 Omar Barghouti -un personaje al que ya hemos diseccionado en un informe de ACOM– creó la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI, por sus siglas en inglés) que fue el penúltimo escalón para que, un año después, un grupo de ONGs palestinas lanzase el “Llamamiento de la sociedad civil palestina para el Boicot, la Desinversión y las Sanciones a Israel”. Se trataba de una iniciativa muy similar a la de Barghouti, pero ya no se circunscribía al ámbito cultural y académico sino que pretendía abarcar cualquier aspecto social y económico, tal y como había pedido la declaración de Durban y también como aquella se escudaba en el falso argumento de que existe una política de apartheid en Israel.

Esta declaración y sus demandas, que aún hoy son centrales para las organizaciones del BDS, resultan muy reveladoras de la verdadera naturaleza del movimiento. Las tres grandes exigencias del documento eran:

  1. Acabar con la ocupación y colonización de Israel de todas las tierras árabes y desmantelar el Muro [en referencia a la valla de seguridad alrededor de Cisjordania que se acababa de elevar y que estaba ahogando la criminal Segunda Intifada).
  2. Reconocer el derecho de los ciudadanos palestinos de Israel a una igualdad completa y real.
  3. Reconocer, proteger y promover el derecho de los refugiados palestinos a volver a sus hogares y recuperar sus propiedades tal y como estipuló la Resolución 194.46 de la ONU.

Como se puede ver no hay ninguna referencia al establecimiento de un Estado Palestino en Cisjordania y Gaza y, por el contrario, si hay menciones a “todas las tierras árabes” presuntamente ocupadas por Israel -es decir, también las de la partición de 1948-; y a un “derecho de retorno” de todos los refugiados que en la práctica supondría la desaparición de Israel como estado judío.

Por lo tanto, vemos como pese a la propaganda que es habitual en ese sentido en realidad el BDS no busca presionar a Israel para avanzar en la solución de los dos estados, sino acabar con el estado judío o, al menos, convertirlo en otro estado árabe de mayoría musulmana.

Así lo reconocen algunas de las figuras prominentes del BDS como el propio Barghouti, que nunca ha abogado por la solución de dos estados. As’ad AbuKhalil, un influyente bloguero musulmán y profesor universitario en California, reconocía esta realidad en unas frases especialmente contundentes: “Finkelstein se pregunta si el verdadero objetivo del BDS es destruir Israel. Estoy de acuerdo con él, ese debe ser el fin último, sin ambigüedades, no tiene que haber ninguna confusión al respecto. La Justicia y la Libertad para los palestinos son incompatibles con la existencia de Israel”.

Esta nueva expresión del odio a Israel y el antisemitismo se ha expandido gracias a una fructífera relación con organizaciones de la izquierda radical en todo el mundo que, especialmente después de la caída de los regímenes comunistas en Europa, han encontrado en el enfrentamiento contra Israel y el acercamiento al islamismo una nueva forma de luchar contra el capitalismo, los valores occidentales y aquellos países que los representan, como Estados Unidos.

Vinculación con el terrorismo y el extremismo

El BDS se presenta a sí mismo como un movimiento pacifista y no violento, pero desde el primer momento tiene una predisposición a la violencia, ya que es evidente que cuando se criminaliza una entidad o un Estado, cuando se niega el derecho a existir de un colectivo o un país, se legitiman los crímenes que cualquiera pueda ejercer contra él. Más aún cuando frecuentemente estos actos son descritos como “resistencia heroica”.

Pero es que además, la realidad es que la relación con la violencia del BDS va mucho más allá de este plano ideológico: documentos recopilados por el Ministerio de Asuntos Estratégicos de Israel y que han sido publicados por el periódico Yedioth Aharonot (pueden leer aquí el reportaje traducido al español) demuestran que los vínculos del BDS con organizaciones terroristas son evidentes y directos.

Por ejemplo con el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PFLP, por sus siglas en inglés), una banda terrorista -aún hoy reconocida como tal tanto por EEUU como la UE- que se hizo tristemente famosa por sus atentados en los años 70 y por acciones desarrolladas en cooperación con organizaciones terroristas de extrema izquierda como la Baader-Meinhof, con los que planearon y ejecutaron, por ejemplo, el famoso secuestro de un avión de Air France que motivó una operación del ejército israelí en Entebbe, Uganda.

Como nota al margen, es imprescindible recordar que el PFLP fue también una de las organizaciones responsable del entrenamiento que terroristas de ETA recibieron en campos de Argelia y el Yemen durante los años 70.

Varios activistas de organizaciones que trabajan activamente en el BDS fueron en su día miembros del PFLP. Por ejemplo, Yakub Auda, condenado por un atentado en un supermercado de Jerusalén en el que murieron dos jóvenes y otras nueve personas resultaron heridas, es miembro de la junta directiva de Addameer una ONG que en teoría defiende los derechos de los presos palestinos.

Otros miembros de la directiva de Addameer son Mahmoud Jaddah, condenado a tres cadenas perpetuas por un atentado en Jerusalén; o el propio presidente de la organización Abdullatif Ghaith. De hecho, algunas fuentes señalan que de los nueve miembros de la Junta Directiva cinco son a su vez miembros del PFLP.

Entre los financiadores de Addameer se encuentran el Gobierno Vasco, que en 2016 firmó un convenio que suponía la entrega de casi un cuarto de millón de euros; y también de la Comunidad Foral de Navarra para un proyecto con la ONG española Sodepaz, que a su vez es una de las organizaciones dentro de la red de BDS en España.

Otro ejemplo de este tipo de organizaciones muy implicadas en el BDS y con vínculos con el terror es Al-Haq, que incluso participó en la conferencia de Durban de 2001. NGO Monitor destaca que sus fuentes de financiación no son transparentes aunque sí describe generosas donaciones llegadas desde Europa.

Su Director General, Shawan Jabarin, fue detenido en varias ocasiones por su relación con el PFLP, siendo condenado, por ejemplo, por reclutar terroristas para la organización. En 2006 le fue prohibido abandonar Israel porque según documentación secreta seguía vinculado a la banda terrorista. A la vista de esta documentación la Corte Suprema de Israel señaló que Jabarin operaba “como el Dr. Jekyll y Sr. Hyde: durante algunas horas del día preside una organización de derechos humanos, mientras que en otras es un terrorista (…) totalmente ajeno a los derechos humanos, y que niega el derecho más básico, sin el cual no existen otros: el derecho a la vida”. Jabarin ha defendido públicamente que se mantengan los sueldos que la Autoridad Nacional Palestina paga a las familias de palestinos detenidos o condenados por terrorismo.

Los documentos hechos públicos por Israel también relacionan las campañas de BDS con Hamás, especialmente en el exterior, como en Gran Bretaña, donde según diversos informes de inteligencia -incluso del Ministerio de Interior de Alemania- controla el Palestinian Return Centre, una presunta ONG cuya financiación es completamente opaca y que ha tenido un papel fundamental en el BDS en el Reino Unido. Además, algunos miembros de la junta directiva de esta presunta ONG han sido directamente vinculados con organizaciones destinadas a financiar a Hamás como Interpal. Otros forman parte de las organizaciones que se dedican a poner en marcha las flotillas a Gaza.

Irán es la tercera pata de estas relaciones: la teocracia de los ayatolás ha invertido en diversas organizaciones internacionales, como la americana Codepink, que ha dirigido campañas contra empresas como Airbnb o Re/max. Según la información del Ministerio de Asuntos Estratégicos de Israel, figuras prominentes de esta organización -en teoría destinada a defender los derechos de las mujeres- han llegado a reunirse con el por entonces presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad y con algunos de sus diputados, además de participar en unas conferencias anti-sionistas y anti-imperialistas organizadas en Teherán por otra presunta ONG iraní, New Horizon.

También son notorios los vínculos de Irán con Podemos, pero esos los vamos a analizar algo más detenidamente más adelante.

Esto son sólo algunos ejemplos de cómo las ONGs y los movimientos que se definen a sí mismos como defensores de los derechos humanos y partidarios de la resistencia pacífica están permeados y en no pocos casos controlados por organizaciones terroristas o con la actividad proterrorista de Irán cuyo fin es la destrucción de Israel. 

BDS en España: extremistas de izquierda…

En muchos aspectos nuestro país sigue el patrón habitual del BDS en el resto del mundo, especialmente por lo que se refiere a su relación cercanísima con los movimientos y los partidos más a la izquierda de la izquierda.

De hecho, en la página de miembros la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP), organización paraguas que coordina a los diferentes grupos e instituciones locales, regionales y nacionales que participan en las campañas de boicot a Israel, aparecen partidos políticos como Anticapitalistas, que es uno de los grupos de cuya unión nació Podemos y que aún forma una corriente interna con cierta fuerza dentro del partido morado; Izquierda Anticapitalista Revolucionaria, otro grupúsculo que formaba parte de Podemos; o las Juventudes del PCE, ahora también parte de Unidos Podemos a través de IU.

Junto a ellos, encontramos asociaciones creadas específicamente para el BDS, de solidaridad con Palestina, ONGs de distintos tipos (alguna dedicada, en teoría, ¡a promover la agricultura en el tercer mundo!), y también a organizaciones ecologistas que, suponemos, deben considerar a Hamás un modelo de gestión del medioambiente.

Además de estas relaciones directas en su seno, otro vínculo innegable de Podemos con el BDS es su relación con el gobierno de Irán a través de su televisión Hispan TV, para la que varios de sus líderes trabajan -incluyendo Pablo Iglesias- con unas retribuciones extraordinariamente por encima de lo que sería el precio normal de mercado de en una cadena de escasa audiencia en nuestro país.

En intervenciones que han tenido una amplísima difusión el propio Iglesias no dudaba de calificar a Irán como “un Estado asesino de comunistas” y reconocía la naturaleza de esta relación comparándola con la de la Alemania de la I Guerra Mundial con los bolcheviques rusos: “A los alemanes les interesaba poner un tren a Lenin para que desestabilizase Rusia, a los iranís les interesa que se difunda en América Latina y España un discurso de izquierdas porque afecta a sus adversarios, ¿lo aprovechamos o no lo aprovechamos?” decía, mostrándose partidario de aprovecharlo porque en política hay que “cabalgar las contradicciones”.

Podemos no se limitó a usar el dinero recibido de Irán (y también de Venezuela) para hacer programas de televisión, sino que lo usó para crear el propio partido y financiar sus primeros pasos, al menos así lo afirmó en una comparecencia en el Senado un antiguo socio de Pablo Iglesias.

Es a la luz de estas relaciones como hay que examinar determinados posicionamientos de Podemos, que ha apoyado explícitamente las campañas de BDS y ha llegado a pedir el reconocimiento al inexistente estado palestino como parte de la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. 

… Y separatistas

El BDS también ha extendido sus tentáculos en Cataluña, donde ha tejido fuertes relaciones no sólo con la extrema izquierda sino con todo el arco de los partidos separatistas. Así, frecuentemente los grupos de CUP, ERC o JxCat apoyan las mociones de BDS en instituciones como ayuntamientos. Unas mociones que, como ya hemos comentado, gracias a demandas presentadas por ACOM ante la Justicia han sido declaradas ilegales en la mayoría de los casos.

Pero además hay ciertas relaciones personales que no dejan de resultar llamativas: abogados de los dirigentes separatistas acusados por el golpe de estado de septiembre y octubre del año pasado están directamente relacionados con el BDS, el más notorio de ellos Gonzalo Boye, defensor del expresidente fugado Carles Puigdemont.

Boye ha trabajado en varios casos notorios para el Palestinian Centre for Human Rights,  presentando varias querellas contra Israel y diferentes autoridades israelíes que han resultado, por supuesto, notorios fracasos judiciales.

Directamente dentro del campo del BDS, Boye ha sido el responsable jurídico de la solicitud a la Federación Internación de Fútbol (FIFA) de la exclusión de Israel, una actuación clara de BDS en el campo deportivo que el abogado de ultraizquierda justificaba en el supuesto trato discriminatorio que se da a los futbolistas palestinos. Como todas las demás, la petición legal de Boye acabó en un sonoro portazo e Israel sigue participando de las competiciones deportivas europeas.

No es el único caso, la exconsejera Clara Ponsatí, también fugada de la Justicia en su caso en Escocia, tiene como abogado a Aamer Anwar, un letrado escocés de origen pakistaní que ha defendido causas legales de diversos tipos -entre ellos una demanda de la familia del condenado por el atentado de Lockerbie- y que actualmente es rector de la Universidad de Glasgow. Su firma presume de haber defendido “a muchas personas arrestadas por delitos graves contra el orden público durante desórdenes civiles como los disturbios de Govanhill en 2001, o las manifestaciones del G8 en Gleneagles en 2005”.

Este posicionamiento no es casual: Anwar es conocido por sus opiniones de extrema izquierda y ha participado en numerosas campañas políticas radicales, entre ellas se ha mostrado partidario tanto de la independencia de Escocia como, en los últimos meses, de la de Cataluña.

Por supuesto, entre sus actividades políticas reivindicativas ha estado el BDS, para el que ha firmado cartas al parlamento escocés y del que se ha mostrado partidario públicamente, por ejemplo a través de su cuenta de Twitter, en la que ha llegado a pedir que Escocia se convierta en “un centro del BDS en solidaridad con Gaza”.

Otra destacada figura de las campañas contra Israel es el abogado y político Jaume Asens, actualmente tercer teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Barcelona, donde fue elegido dentro de la lista encabezada por Ada Colau.

Como abogado Asens lideró la defensa de Mohammed Mrabet, gerente de la mezquita de Vilanova i la Geltrú que en el marco de la Operación Chacal fue acusado de preparar un grave atentado. También fue el principal responsable de la causa legal que algunos de los participantes en la mal llamada Flotilla de la Libertad plantearon contra miembros del Gobierno y el Ejército de Israel.

Además, Asens es los miembros destacados del Observatori DESC, una de las organizaciones de presunta defensa de los derechos humanos bajo el paraguas económico de la Open Society Foundation. DESC ha sido un punto de encuentro común de muchas personas alrededor de la alcaldesa Colau, que pese a ello o precisamente por ello no ha tenido reparos en regarlo generosamente con subvenciones municipales.

Conclusiones

Pese su aparente modernidad el BDS es sólo la última versión de una de las herramientas más antiguas del antisemitismo: los boicots económico, profesional, académico y cultural que fueron habituales de una u otra forma en Europa hasta mediados del siglo XX y que siempre fueron antecesores de los pogromos y, finalmente, de la experiencia brutal del Holocausto.

Como han hecho en todas estas ocasiones históricas anteriores, el BDS busca justificaciones falsas que le permiten actuar como una “respuesta a” y se presenta a sí mismo como un movimiento pacífico. La verdad es que no hay tal pacifismo ni en sus objetivos finales -la destrucción de Israel- ni en su camino hacia ellos, que recorren de la mano del extremismo y el terrorismo: organizaciones terroristas como el Frente Popular para la Liberación de Palestina o Hamás, y estados terroristas como Irán aparecen directamente vinculados a las campañas de BDS.

En España, el BDS ha logrado infiltrarse en amplios sectores de la extrema izquierda y los líderes de Podemos admiten que tiene una relación económica directa con Irán y que éste país pretende difundir un discurso que “afecta a sus adversarios”, el más notorio de los cuales es, evidentemente, Israel.

 
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