Por Israel
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| miércoles octubre 16, 2019
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La Discriminación del BDS no es Libertad de Expresión


Durante años, he luchado contra la notoria y discriminatoria campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS). Lo hice por mi convicción que el BDS ha violado los principios fundamentales del conflicto del Medio Oriente, y ha promovido el antisemitismo señalando a Israel para su condena como el peor ofensor de la comunidad internacional. Es la versión del siglo XXI del libelo de sangre contra el estado nación del pueblo judío.

Hace tres años, la comunidad internacional llegó a un importante consenso para definir el antisemitismo – con la Definición Práctica del IHRA. Desde entonces, 15 países y la UE han adoptado formalmente la definición. Estados Unidos también usa la definición. La Definición Práctica del IHRA no reduce la crítica hacia Israel. No silencia a nadie. Lo que hace es identificar discursos que puedan ser antisemitas, como se han identificado y condenado a racistas y a otras formas de discurso con prejuicios en el mercado de ideas.

El BDS es una táctica antisemita dirigida solo hacia ciudadanos judíos y defensores de Israel. Su supuesta protesta no es contra la política israelí sino contra la propia existencia de Israel. No tiene nada que ver con la campaña de protesta básica, porque la dirigen un número pequeño de organizaciones bien subvencionadas y coordinadas, que deciden juntas estrategias y tácticas – escondiéndose detrás de la fachada de promover la ley internacional y los derechos humanos.

Si miramos los documentos fundacionales de la campaña del BDS, nos daremos cuenta que apesta a fanatismo. Primero, invoca a acabar con la denominada “colonización de todas las tierras árabes”, denegando al pueblo judío cualquier derecho a la autodeterminación en su tierra histórica. Segundo, pide la vuelta de todos los refugiados palestinos incluyendo los descendientes y otros familiares a sus “hogares” y propiedades referidos en la Resolución de la UN 194, lo que significaría, el fin del Estado de Israel como un estado judío y democrático.

Como se puede comprobar en este informe, muchos líderes de organizaciones palestinas creadas bajo el disfraz de promover los derechos humanos y fortalecer la idea de una “sociedad civil palestina activa” han difundido y promocionado imágenes y retórica antisemita. La incesante deslegitimación y demonización del Estado Judío contribuye directa o indirectamente a la estigmatización contra los judíos como individuos.

Yo mismo he sido objeto de varias caricaturas antisemitas publicadas por partidarios de la campaña del BDS. Es más, el fundador del BDS rechazó una invitación de Oxford Union para un debate conmigo, con la excusa de que yo – que no soy un sionista israelí – soy objeto de boicot.

Esto nunca acaba con palabras. Discursos incentivadores y violentos llevan a la acción. Si sólo se hubiera limitado el antisemitismo a palabras y discursos durante la historia, sería un problema de mucha menor magnitud. La historia es la prueba que palabras con prejuicios llevan a acciones letales.

Como profesor de derecho y abogado de defensa criminal, sé cómo protegerme de estos extremistas. Sin embargo, la intimidación y acoso a los estudiantes que hablan a favor de Israel está en el orden del día en los campus universitarios alrededor del mundo.

Prohibir los actos de discriminación contra israelíes, sionistas y judíos no infringe la libertad de expresión. Contamos con el derecho a defendernos ante esta discriminación de la misma forma que tienen derecho a defenderse contra la discriminación la gente de color, musulmanes, mujeres, homosexuales y otros grupos. Los fanáticos no tienen el derecho a ejercitar o involucrarse en esta discriminación.

Este año, el parlamento alemán tomó una decisión importante con su resolución contra el antisemitismo. No sólo se refirió el Bundestag a la especial responsabilidad histórica hacia Israel, sino que también resaltó el argumento y los métodos antisemitas utilizados por la campaña del BDS. El Bundestag tiene toda la razón cuando dice que exigir el boicot de negocios o artistas judíos, nos recuerda la fase más terrible de la historia alemana que inevitablemente despierta los recuerdos de la frase nazi: “No compren a los judíos”.

Mi experiencia me ha enseñado que si los gobiernos emprenden seriamente la lucha contra el antisemitismo – como han dicho tantos gobiernos que están haciendo – tienen que confrontar la campaña del BDS, hacerla responsable de la violación de las leyes y políticas antidiscriminatorias, y revelar su agenda antisemita.

Como alguien que toda mi vida ha considerado sagrado el derecho a la libertad de expresión y reunión, es importante decir: La discriminación basada en el antisemitismo no es ejercer la libertad de expresión. Es una ofensa. Y debería preocupar a todas las personas con buenas intenciones.

Alan Dershowitz es Profesor Emérito de Derecho en la Escuela de Derecho de Harvard

Traducido por Hatzad hasheni

 
Comentarios

Lo que de verdad llama la atencion, es que personas supuestamente sérias e informadas, puedan aún hoy dejarse embaucar por movimientos como el BDS, cúyos objetivos últimos, a la vista de todos estan ya …
Concluiremos pues, que quienes a el se adhieren, son los mísmos que de éllos participan, a saber; antisemitismas con toda la gama de matíces que se quieran …

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