Por Israel
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| miércoles diciembre 1, 2021

No debe haber choque entre la lucha por los DDHH y la guerra contra el terrorismo


En un mundo de cuentos de hadas, se podría luchar contra el terrorismo sin violencia y sin que a nadie se le caiga un pelo. Sin tomar medidas firmes y sin que para salvar a unos, otros se vean afectadas. En realidad, en un mundo de cuentos de hadas, no habría terrorismo y por ende no sería necesario combatirlo. Pero dado que en la vida de todos los días son varias las luchas por librar, sin duda en Israel, siempre hay quien analiza con lupa si lo hace en forma legítima y legal o violando los derechos humanos.

Los palestinos acusan constantemente a Israel de violar los derechos humanos, mientras que en la sociedad israelí hay no pocos que sostienen que los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel combaten al terrorismo con una mano atada, para procurar respetar siempre las normas determinadas por el Derecho internacional.

Está claro que si, por ejemplo, se busca a terroristas que se sabe que están en camino a un atentado, o se buscar a responsables de un ataque ya perpetrado, es más que probable que en el camino haya quien se vea limitado y sufra las consecuencias. Ni que hablar si estallar un tiroteo y alguna bala perdida, que puede también haber sido disparada por los terroristas, alcanza a un inocente.

Es sólo un pequeño ejemplo de miles que podríamos concebir.

No hay una receta mágica y exacta para el equilibrio entre la lucha contra el terrorismo y el respeto a los derechos humanos. Pero tenemos claro que Israel despliega un gran esfuerzo para minimizar los daños a la población civil “del otro lado” cuando combate al terrorismo que ataca indiscriminadamente a sus ciudadanos, sabiendo-dicho sea de paso-que puede matar a israelíes judíos, musulmanes, cristianos, drusos, porque ni los cohetes ni las bombas distinguen entre unos y otros.

Lo interesante no es lo que nos dicen expertos israelíes conocedores a fondo de la materia, sino lo que nos ha dicho en repetidas entrevistas el Coronel (retirado) Richard Kemp, experto en anti terrorismo, británico-no israelí ni judío- que fue comandante de las tropas de su país en Afganistán y en Irlanda del Norte. “Nunca un ejército desplegó tales esfuerzos como el israelí para minimizar las víctimas del lado en el que opera el enemigo”, nos recalcó en diversas oportunidades.

Todo esto lo escribimos a modo de introducción, para llegar a la reciente tormenta que envuelve a Israel, a raíz de la declaración del Ministro de Defensa Beni Gantz de seis organizaciones palestinas que operan en la sociedad civil como ongs de Derechos Humanos, como organizaciones terroristas.

 

La reacción palestina fue airada, como era de esperar, y también la de diversas organizaciones como Aministía Internacional . Unos días más tarde se sumó Michelle Bachelet, la Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Y también dentro de Israel hubo críticas duras dentro de la propia coalición de gobierno, tanto del partido laborista como de Meretz-especialmente este último- tanto por el hecho que no les avisaron previamente como, más que nada, por el contenido mismo de la decisión de Gantz.

De más está decir que si el anuncio del Ministerio de Defensa es una mentira que perjudica injustamente a organizaciones de derechos humanos que ayudan a los palestinos, las condenas están justificadas. Pero Israel sostiene que hay pruebas contundentes, “firmes como cemento” según sus términos, sobre el involucramiento de los grupos en cuestión en financiamiento del terrorismo usando la fachada de los derechos humanos.

La defensa de los derechos humanos es clave y esencial, y quienes trabajan por ello merecen bendiciones, no condenas. El problema no radica en la lucha por los derechos humanos sino en aquellos que la usan para atacar a Israel.

Y el problema en el caso actual, lo que llamamos de gran tormenta política a raíz de la mencionada decisión israelí, es que hubo reacciones automáticas de condena a Israel y por ende de defensa de las ongs en cuestión, sin que nadie se detenga un momento siquiera a pensar si acaso será verdad la acusación israelí. No es que pidieron que Israel muestre pruebas sino que automáticamente todos saltaron a condenarle como si su objetivo fuese obstaculizar el trabajo de las ongs en cuestión.

Es probable que haya en esas ongs quienes auténticamente quieren aportar a la defensa de los derechos humanos y ayudar a la población civil palestina a distintos niveles. El gran tema es  cuando el marco en el que eso ocurre es utilizado por grupos terroristas para sus fines, lo cual difícilmente no sea conocido por al menos parte de sus miembros.

Ya en el 2019 el Ministerio de Asuntos Estratégicos de Israel publicó un exhaustivo informe titulado “Terroristas de traje” en el que detalló los hallazgos de una detallada investgación de organizaciones palestinas presentadas como civiles e inocentes, en las que terroristas principalmente del Frente Popular para la Liberación de Palestina usaban esos recursos para reclutar terroristas y financiar atentados.

El dinero es un tema clave en la lucha contra el terrorismo. Claro que se complica cuando parte llega del exterior, de países que creen aportar a los palestinos a nivel civil (200 millones de dólares de la Unión Europea fueron donados entre 2014 y 2021 a esos grupos) pero son usados para el terrorismo, según afirma Israel.

Cabe recordar que el Frente Popular para la Liberación de Palestina es un grupo armado responsable de atentados terroristas contra Israel, que promete seguir atacando.

El periodista Ben Dror Yemini escribió en Ynet una nota de opinión al respecto y dio un ejemplo concreto:

“La Unión de Comités de Trabajo Agrícola -que es uno de los seis grupos con etiqueta de terrorismo- parece el nombre de una organización deliciosamente inocente y pedestre. Pero lo cierto es que dos de los activistas que trabajan para esta organización -Summer Arabid y Abd a-Razak Farage- no solo son miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina  sino que también fueron acusados de estar involucrados en el asesinato de Rina Shnerb, de 17 años, en agosto de 2019, que murió por una bomba colocada en la carretera mientras iba de excursión con su padre cerca del manantial Dani”.

Y agregó: “La ex jefa del grupo de derechos de los presos «Addameer», otra organización proscrita, Khalida Jarrar, también es miembro del Frente Popular. La lista de miembros de estos grupos de derechos financiados por la UE que están relacionados con organizaciones terroristas es interminable”.

Que los terroristas traten de esconder sus actividades, no nos debe sorprender. Pero que precisamente grupos identificados con la búsqueda de la paz como el ala izquierda de la coalición israelí, condenen automáticamente la decisión de Gantz sin haber estudiado el tema, está fuera de lugar.

Y si bien de algunas organizaciones internacionales y ciertos países tampoco esperamos absolutamente nada, no deja de chocar que haya habido tantas condenas airadas a la decisión de Gantz y ni una palabra de duda o condena sobre la posibilidad que terroristas estén secuestrando la agenda de los derechos humanos para intensificar sus ataques contra Israel

 
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