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| miércoles abril 15, 2026

Hungría tiene nuevo presidente. ¿Seguirá siendo el país más seguro de Europa para los judíos?


Peter Magyar, presidente electo de Hungría Foto Facebook

Budapest podría ser la única capital europea donde se puede caminar sin ver grafitis antiisraelíes. No hay manifestantes furiosos ondeando banderas palestinas y coreando «Del río al mar», ni preocupaciones por posibles acosos en las calles o en los campus universitarios.

A nadie le importa si llevas kipá o tzitzit. A nadie le importa si hablas hebreo en público. La presencia policial en los establecimientos judíos es mínima o inexistente.

La situación actual contrasta marcadamente con el pasado de Hungría. Durante la Shoá, aproximadamente 600.000 judíos húngaros fueron asesinados. Adolf Eichmann, el cerebro detrás del Holocausto, quedó atónito ante la eficiencia con la que sus colaboradores húngaros reunieron a los judíos, los cargaron en vagones de ganado y los enviaron a los campos de exterminio. Tras la guerra, el régimen comunista discriminó a las religiones, confiscó las propiedades de la comunidad judía y aplicó una política antiisraelí.

Desde la caída del comunismo en 1989, los sucesivos gobiernos han normalizado las relaciones con la comunidad judía. Han compensado a la comunidad, garantizado la plena libertad religiosa y restablecido las relaciones con Israel.

La comunidad judía, que cuenta con alrededor de 100.000 miembros, está floreciendo. Las organizaciones judías proliferan y desempeñan un papel fundamental en la creación de un entorno donde las personas pueden reconectar fácilmente con sus raíces. El papel que los judíos han desempeñado en las artes, la economía y la ciencia del país se refleja en el currículo nacional.

Después de Tailandia, Hungría se ha convertido en el destino más popular para los israelíes. Según la Agencia Nacional de Turismo, el año pasado los turistas de Israel pasaron más de un millón de noches en el país. Hay hasta cuatro vuelos diarios desde Tel Aviv a Budapest. En el Barrio Judío, los restaurantes y cafés están abarrotados, las reservaciones para alojamientos kosher están completos y las pegatinas que conmemoran a los soldados caídos de las FDI y a las víctimas del 7 de octubre, dejadas por turistas israelíes, son omnipresentes.

Actitudes antisemitas, pero pocos incidentes

Paradójicamente, esta seguridad existe en un contexto en el que el antisemitismo registra uno de los niveles más altos de Europa.

Según la Liga Antidifamación (ADL), alrededor del 35% de los húngaros aún cree en estereotipos antisemitas tradicionales, como que los judíos son avariciosos por naturaleza, controlan los gobiernos y los medios de comunicación, y son más leales a Israel que a su propio país. Esto representa más del triple del nivel de estas creencias en Australia, según la firma Crossroads25.

Lo sorprendente es que estos sentimientos negativos rara vez se traducen en actos violentos. “En los últimos dos años solo se nos han reportado uno o dos ataques violentos al año, e incluso esos fueron perpetrados por extranjeros”, declara Kálmán Szalai, presidente de la Fundación Acción y Protección, una organización que vigila el antisemitismo.

El antisemitismo en línea es más común, pero aún es bajo a nivel internacional. La fundación de Szalai identifica entre 500 y 800 publicaciones o comentarios antisemitas al año, el 80% vinculados a Israel. En comparación, el Instituto para la Prevención del Odio en Línea identificó 653 contenidos de odio en Australia en menos de un mes tras la masacre de Bondi.

El aliado más cercano de Israel

Durante los últimos 16 años, Hungría ha contado con un régimen político profundamente afín a la derecha israelí y abiertamente contrario al antisemitismo. El primer ministro Viktor Orbán y su partido conservador de derecha, Fidesz, que fueron derrotados por una aplastante victoria electoral el fin de semana por el nuevo primer ministro Peter Magyar, eran firmes partidarios del primer ministro israelí de derecha, Benjamín Netanyahu.

El gobierno de Orbán mantuvo leyes de inmigración restrictivas, permitiendo que muy pocas personas de países musulmanes obtuvieran asilo, por lo que no existe extremismo islámico importado. Tras la masacre del 7 de octubre, Orbán se puso del lado de Israel y desestimó las críticas a la guerra de Gaza como propaganda.

Judíos ortodoxos bailan en una calle de Budapest durante la pasada Janucá
(Foto: György Polgár, The Jewish Independent)

La policía prohibió las manifestaciones propalestinas con la intención de prevenir, según alegaron, amenazas al orden público. En julio pasado, el gobierno prohibió la actuación del grupo de rap irlandés Kneecap en Sziget, uno de los festivales de música más grandes de Europa, debido a su apoyo público a Hamás. Hace casi un año, Orbán retiró a Hungría de la Corte Penal Internacional para que su amigo, Benjamín Netanyahu —sobre quien pesa una orden de arresto de la CPI—, pudiera visitar Budapest.

La ideología de derecha que Orbán comparte con Netanyahu suele favorecer a los judíos e Israel, pero no siempre. La retórica nacionalista y las disputas sobre la memoria histórica, en particular sobre el papel de Hungría en el Holocausto, siguen siendo motivos de tensión para la comunidad judía.

Orbán no tuvo reparos en congraciarse con los antisemitas cuando le convenía para mantener contentos a sus votantes. Elogió a Miklós Horthy, gobernador de Hungría antes y durante la Segunda Guerra Mundial, quien toleró la persecución de los judíos, calificándolo de “estadista excepcional”, y otorgó un prestigioso premio a destacados periodistas antisemitas como Zsolt Bayer, quien se ha referido a los judíos como “excremento apestoso”.

Pero la realidad ha sido la seguridad de los judíos, tanto locales como visitantes.

¿Cambiará Hungría hacia los judíos o Israel?

No se espera que el nuevo primer ministro húngaro, Peter Magyar, del partido de centroderecha Tisza, modifique significativamente la relación bilateral de Hungría con Israel.

Maya Sion-Tzidkiyahu, directora del Programa de Relaciones Israel-Europa de Mitvim, un centro de estudios con sede en Israel, declaró a The Times of Israel que Magyar podría distanciarse de Netanyahu, estrechamente vinculado a Orbán, pero es improbable que haga un cambio sustantivo en la política hacia Israel.

Magyar también mantendrá e incluso endurecerá la estricta política migratoria de Hungría, para evitar una afluencia masiva de inmigrantes hostiles a los judíos o a Israel.

Donde sí podría haber cambios es en la relación de Hungría con la Unión Europea, donde Orbán ha sido la única voz proisraelí. Hungría bloqueó un paquete de sanciones de la UE contra los colonos violentos de Cisjordania y las organizaciones que los apoyan.

Magyar, quien busca la aprobación de la Comisión Europea para un préstamo de unos 16.000 millones de euros, tiene más probabilidades de llegar a acuerdos con Bruselas.

Fuente: The Jewish Independent (thejewishindependent.com.au).
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

 
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