A muchos nos tomó por sorpresa. Muchos se rieron y se burlaron. Otros dijeron que era un absurdo improvisado. Como sea, nadie se quedó impávido ante la decisión de Estados Unidos de cerrar el Estrecho de Ormuz que, se supone, ya había cerrado por Irán.
A dos días de la entrada en vigor del bloqueo, la decisión se muestra como una jugada maestra que va a poner a Irán al borde del abismo, o incluso lo va a lanzar al fondo.
Lo primero que hay que destacar es que Estados Unidos jugó muy bien su estrategia de comunicación para que todos creyésemos que la acumulación de tropas en la zona -que nunca se detuvo, ni siquiera de cara a la negociación que se hizo el fin de semana en Pakistán- tenía como objetivo lanzar una operación terrestre en la isla de Karj.
A Estados Unidos no le urgía conquistar más territorio que ese. Desde allí se mueve el 90% de las exportaciones petroleras de Irán, así que arrebatarle el control de la isla habría significado la quiebra del régimen, su ruina total.
Es cierto que Estados Unidos está listo para cualquier eventualidad que requiera del uso de la fuerza militar, pero ahora está claro que el objetivo principal no era la invasión de Karj.
Era CERRAR el Estrecho de Ormuz.
Visto en perspectiva el asunto es deliciosamente transparente, nítido, cristalino: Si el objetivo era fastidiarle las exportaciones de petróleo a Irán, no había necesidad de exponer tropas en un asalto a la isla de Karj (que sería defendida del modo más salvaje posible por Irán). Bastaba con imponer un verdadero bloqueo a la salida del estrecho.
El efecto es exactamente el mismo. Y para entenderlo sólo hay que saber cómo funciona el bloqueo.
Es simple: Estados Unidos está permitiendo que entren y salgan del Golfo Pérsico todos los barcos que van a comprar petróleo en cualquier país, MENOS EN IRÁN. Los barcos que le han comprado petróleo a Irán no han recibido autorización para atravesar el Estrecho. Hasta este momento, diez de ellos ya tuvieron que regresar. Del mismo modo, no se permite que ningún barco ingrese si su objetivo es comprar petróleo en Irán. De manera natural, todos estos clientes -que necesitan el petróleo sí porque sí- se están surtiendo con los demás países de la zona (Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos o Baréin). El rastreo satelital que se puede consultar en internet es contundente: Los puertos de los países árabes reflejan una actividad normal e incluso abundante, y los puertos iraníes están abandonados.
Irán se quedó sin ventas.
Las pérdidas se calculan en unos 400 millones de dólares diarios. Al mes son 13 mil millones.
Y eso no es todo: Si Irán no vende el petróleo, este se queda almacenado en los contenedores. Pero estos no tienen una capacidad infinita. Tarde o temprano se van a llenar, y los cálculos son que eso sucederá en unos 8 o 9 días. Si eso pasa e Irán sigue sin vender petróleo, la producción se va a tener que detener. Los pozos de extracción tendrán que apagarse, y eso es catastrófico. Si los pozos no se mantienen activos, agua y otros elementos empiezan a filtrarse a los canales de extracción, y el pozo se descompone. Mientras más tiempo se mantengan parados, el daño es mayor y puede llegar a la inutilidad total. Repararlos es carísimo y toma varios meses. Estaríamos hablando del colapso de la industria petrolera iraní.
El régimen lo sabe y está intentando canalizar su ventas por medio de la distribución por ductos, que salen de Irán hacia el norte. Esto puede traer un poco de alivio, pero no subsana el daño de ya no poder movilizar petróleo por el Golfo Pérsico.
Las alarmas ya se encendieron en Teherán. Los intransigentes negociadores que no quisieron ceder nada el fin de semana pasado ahora tratar de contactar a los estadounidenses para pedir que se reinicie el diálogo, pero el gobierno de Trump no tiene ninguna prisa por aceptar.
Cada día que pasa, Irán se aproxima más a la debacle económica definitiva, y sin dinero no se puede hacer «la revolución» anti-imperialista.
Lo que a muchos les pareció un berrinche de Donald Trump ha demostrado ser una jugada genial para poner contra las cuerdas al régimen de los ayatolas. El daño es profundo, mayúsculo, y la mayoría de los analistas serios consideran que representa un golpe letal para el gobierno iraní. Es cuestión de tiempo para que pierdan el poder.
Y todo sin exponer tropas, sin reiniciar los ataques, sin reactivar la guerra.
PS.: Mucho se habló de que un barco chino había roto el bloqueo. No lo rompió. Se le dejó pasar porque no había comprado el petróleo en Irán. Hoy un barco chino que sí había hecho su compra en Irán trató de navegar pegado a la costa iraní para así romper el bloqueo, pero fue interceptado por el USS Spruance y no tuvo más alternativa que dar vuelta en U y regresar.




















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