Muhammad Dahlan/ Foto facebook
Este análisis está basado en un artículo publicado hoy por C14, en el que se informa sobre las acusaciones formuladas por el Likud respecto de una supuesta intervención de Muhammad Dahlan y otros actores en la difusión de información que el partido considera falsa.
Señoras y señores, ¡Qué tranquilidad! Ya podemos dormir tranquilos: el Likud descubrió quién tiene la culpa de todo!
Muhammad Dahlan.
¡Qué alivio!
Porque durante un momento existía la posibilidad que la política israelí estuviera atravesando simplemente una de esas crisis normales de una democracia en campaña electoral.
Pero no.
¡Qué va!
Acá hay que buscar un culpable internacional, una conspiración, una organización de izquierda, un periodista, un diario, Emiratos Árabes Unidos, Gadi Eisenkot, Yair Golan, Ronen Bar… y si queda espacio, probablemente también el clima.
El Likud sostiene que Dahlan estaría detrás de una publicación de Haaretz y plantea que podría existir un intento de interferencia extranjera en las elecciones.
¡Magnífico!
Porque en Israel hasta las elecciones vienen con servicio de inteligencia incluido.
Uno vota una lista y, de regalo, recibe una novela de espionaje.
El problema, claro, es ese pequeño detalle que en política suele ser bastante molesto:
las pruebas.
Porque decir «Dahlan está detrás» es relativamente sencillo.
Demostrarlo ya es otra cosa.
Es como decir:
—Mi vecino me robó el auto.
—¿Tiene pruebas?
—No, pero tiene cara de culpable.
Bueno… así tampoco funciona exactamente la justicia.
El Likud también apunta contra periodistas y organizaciones de izquierda y plantea una posible conexión con una visita a Emiratos.
Y entonces la imaginación política comienza a trabajar horas extras.
Porque si dos políticos viajan a Emiratos y después aparece una publicación periodística, inmediatamente surge la pregunta:
¿Conspiración internacional o simplemente coincidencia?
En Israel, por supuesto, una coincidencia dura aproximadamente siete minutos antes de convertirse en una conspiración.
Pero aquí aparece algo todavía más interesante.
Estamos entrando en la recta electoral.
Y cuando llegan las elecciones, la política israelí se transforma en una especie de supermercado de acusaciones:
«¡Llévese dos conspiraciones y pague una!»
«¡Tenemos corrupción, traición, intervención extranjera y fake news!»
«¿Y si lleva tres?»
«Le regalamos un enemigo político.»
Porque cada candidato necesita explicar por qué el país no está exactamente donde él quisiera.
Y si las encuestas no ayudan, siempre queda una alternativa maravillosa:
culpar al enemigo.
Si uno baja en las encuestas, es culpa de los medios.
Si otro sube, es porque los medios lo favorecen.
Si aparece una noticia incómoda, es propaganda.
Si aparece una noticia favorable, es periodismo independiente.
Y si la noticia es imposible de explicar…
¡Muhammad Dahlan!
Ahora bien, que quede claro: esto no significa que las acusaciones sean necesariamente falsas.
Si existen pruebas de financiación extranjera, coordinación política clandestina o interferencia electoral, hay que investigarlo seriamente.
Pero justamente por eso hay que investigar.
Porque una democracia no funciona con:
«Yo acuso, por lo tanto es verdad.»
Funciona con:
«Yo acuso, ahora demuéstremelo.»
Y aquí está la parte verdaderamente divertida de todo este asunto.
Estamos a pocas semanas de unas elecciones en las que todos prometen salvar Israel, reconstruir Israel, cambiar Israel, unir Israel, dividir Israel, rescatar Israel y, probablemente, devolver Israel con ticket de compra.
Y mientras tanto, los políticos se miran entre ellos como si estuvieran jugando al Cluedo:
—Fue Dahlan.
—¡No, fue Haaretz!
—¡Fue Golan!
—¡Fue Eisenkot!
—¡Fue el periodista!
—¡Fue Emiratos!
Y falta solamente que alguien diga:
«Fue Sara Netanyahu, en la biblioteca, con el candelabro.»
La realidad debería ser bastante más sencilla y mucho menos divertida:
si hay pruebas, que aparezcan; si hay delitos, que se investiguen; y si no hay pruebas, que las acusaciones políticas no sean utilizadas como sustituto de ellas.
Porque una elección debería decidirse por lo que los candidatos hicieron, por lo que proponen hacer y por la confianza que generan.
No por quién consigue construir la teoría conspirativa más taquillera de la temporada.
Aunque, reconozcámoslo…
En Israel, con las elecciones a la vuelta de la esquina, todavía quedan varias semanas.
Así que paciencia.
Todavía puede aparecer Putin.




















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