Desde que el alcalde antisemita de Nueva York Zohran Mamdani tomó el poder el primero de enero de este año, los crímenes de odio contra los judíos representan más de la mitad de todos los casos confirmados en la ciudad de Nueva York en estos 8 meses de 2026:56%, y eso a pesar de que los judíos son menos del 10% de la población de la Gran Manzana.
En enero, un hombre embistió repetidamente con su vehículo la entrada de la sede mundial de Jabad en Crown Heights (Brooklyn). En julio, un hombre judío fue apuñalado frente a una sinagoga en el Upper West Side de Manhattan. En agosto, un individuo con antecedentes de salud mental irrumpió en los servicios de Shabat de la Sinagoga Central de Manhattan y lesionó a una mujer. En setiembre, varias cámaras de seguridad captaron una agresión física en Midtown Manhattan, donde un sujeto interceptó a un hombre judío, le arrebató el sombrero, lo insultó y lo golpeó en la sien. El mayor responsable de que la comunidad judía viva amenazada sin pausa en Nueva York es la incitación, y el alcalde Mamdani constantemente incita y después, cuando dice que va a “combatir el antisemitismo”, miente.
En Fox News le preguntaron concretamente por qué protestó contra la respuesta israelí hacia Hamas apenas una semana después del 7 de octubre, y Mamdani respondió: “En el centro de mi posición sobre Israel, Palestina y cualquier lugar del mundo está la coherencia, el derecho internacional y los derechos humanos porque creo que la justicia, la libertad y la seguridad son cosas que deben aplicarse a todos por igual”. Como dijimos, miente.
El 14 de octubre no se sabía con exactitud la cantidad de israelíes asesinados por Hamas, entre otras cosas, porque como los habían quemado y descuartizado, el proceso de ADN era inevitablemente lento y prudente; el 14 de octubre no se sabía cuántos secuestrados después de ser torturados y violados habían sido asesinados en Gaza; el 14 de octubre los kibutzim de la frontera con Gaza, así como Sderot olían a muerte y restos humanos esparcidos por doquier, el 14 de octubre las familias de los que habían ido a divertirse al concierto Nova esperaban autopsias o reconocimiento de cuerpos asesinados y quemados dentro de los autos para tener alguna información sobre sus seres queridos. Por lo tanto, Mamdani atacó a todo Israel con sus expresiones violentas y agresivas sin ser capaz, ni aún volviendo a mentir, de decir que Hamas había perpetrado un intento de genocidio y comenzado una guerra. Y no lo dijo porque el alcalde neoyorquino es tan abyecto como Hamas.
En mayo de este año, Nueva York ha sido testigo de nuevo de manifestaciones dirigidas contra lugares judíos. Esta vez, las protestas se dirigieron contra una exposición inmobiliaria israelí que estaba prevista en la sinagoga Park East. La sinagoga no es la embajada israelí, y la casa de una familia judía en Queens no es un centro de mando de las Fuerzas de Defensa de Israel. Sin embargo, en Nueva York, a los judíos de todos los ámbitos, muchos de los cuales tienen opiniones muy diversas sobre el propio Israel, se les hace sentir cada vez más que se les acusa y se les señala colectivamente. Una manifestante se grabó a sí misma acosando a una mujer que llevaba una bandera israelí, gritándole “violadora”. Otros lugares judíos de Queens fueron vandalizados con grafitis nazis, en los que se utilizaron imágenes de esvásticas y se pintaron las palabras “Heil Hitler”. Los manifestantes, amparados por organizaciones palestinas y apoyados por el silencio del alcalde, suelen argumentar que son simplemente antisionistas, no antisemitas. Pero cuando los manifestantes acuden en masa a las sinagogas para aterrorizar la vida judía, el mensaje que reciben los judíos es que su identidad los ha convertido una vez más en un blanco, y la retórica política no es más que una excusa.
En julio (y lo comentamos fugazmente en esta columna), el alcalde de Nueva York, en su constante discursiva de incitación al odio antisemita, bravuconeó diciendo en uno de sus variados discursos que si el primer ministro de Israel viajaba a Nueva York para la Asamblea General de Naciones Unidas en setiembre, él ordenaría su arresto basado en el pedido del Fiscal de la Corte Penal Internacional (destituido hace poco por amoralidades) de que Netanyahu “debía ser detenido por presuntos crímenes de guerra”. Esa orden del Fiscal destituido sería válida para países firmantes del Estatuto de Roma, que son 125. Ni EE. UU. ni Israel son firmantes, además de otros 70 países. Países firmantes, no alcaldías. La soberbia agraviante de Mamdani le duró poco. Muy pocos días después tuvo que declarar que su oficina no tiene autoridad para ejecutar la orden del Fiscal de la CPI: “Mi administración ha examinado todas las vías disponibles conforme a la ley aplicable para determinar si la ciudad de Nueva York puede ejecutar la orden de arresto de la Corte Penal Internacional. Está claro que no tenemos la autoridad legal independiente para hacer cumplir esta orden. El gobierno federal, sin embargo, sí la tiene, y los llamo a que se unan a la C PI y ejecuten esta orden”. Otra vez, Mamdani mintió. No es tan ignorante como para saber que hizo una provocación. Pero la malicia y el encono lo cegaron.
Ahora en setiembre el primer ministro de Israel estará ante la Asamblea General de Naciones y hablará como lo ha hecho habitualmente, representando a un país democrático y ocupando un cargo para el que fue electo. En ese podio de Naciones Unidas, y debido al derecho de extraterritorialidad del organismo han hablado dictadores de toda laya. Sobre ellos, ni Mamdani ni quienes lo apoyan en su enfermedad antijudía, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, jamás dijeron nada en contra. Idi Amin, sanguinario depredador de Uganda, no tuvo problemas para decir sus barbaridades en la ONU. Tampoco las tuvo Fidel Castro que incluso adormiló a todos los funcionarios parloteando 4 horas y media mientras en Cuba se fusilaba, torturaba y hambreaba con el respaldo desquiciado de una izquierda latinoamericana que creyó en la dictadura como sistema de sometimiento igualitario de la miseria. Cada presidente de Irán pudo decir hasta hoy lo que quisiera en la ONU, incluso su compromiso de borrar a Israel de la faz de la Tierra. Pero los Mamdani de entonces y ahora quieren cerrar el micrófono a Israel. Fallaron entonces y vuelven a fallar este año.
El embajador de Israel en la ONU Dany Danon no ha tenido otra alternativa que enfrentar al alcalde neoyorquino una vez que Mamdani exhortara a hacer manifestaciones contra la presencia del primer ministro de Israel en Nueva York. Danon fue muy claro:” En lugar de unir a la ciudad y asegurar la tranquilidad para toda la gente, usted (alcalde Mamdani) llama a la violencia y al caos en lugar de cumplir con sus obligaciones”. Se espera que la seguridad federal no permitirá el caos que teme el Embajador Danon, pero, de todos modos, tendrán que controlar manifestaciones constantes pro-Hamas que tienen respaldo de la alcaldía.
Lejos de Nueva York, en Berlín se celebran elecciones para alcalde este fin de semana. Allí el favoritismo acompaña a la izquierda y no a la extrema derecha de Alternativa para Alemania, de quienes comentamos la semana pasada su victoria en Sajonia. La izquierda en Berlín quiere mostrarse amplia ante los problemas de racismo y antisemitismo, pero la esencia de la furia antijudía no es fácil de disimular. La izquierda alemana que compite por Berlín considera que “Israel ha cometido los más graves crímenes de guerra en Gaza”. Y Elif Eralp, su candidata tipo Mamdani, acusa al actual alcalde de no haberse encontrado con parientes de palestinos que viven en Berlín. Todo un desafío a la historia, porque los más graves crímenes de guerra y contra la humanidad lo cometieron los nazis y el Holocausto lo perpetraron para exterminar a todo el pueblo judío. Escuchar que un partido en Alemania se abrogue el derecho de acusar de esa forma a Israel ante una guerra que comenzó el terrorismo de Hamas, no es ni insólito, ni extravagante, ni ignorancia, es simplemente el repugnante retorno del antisemitismo disfrazado con otro nombre, pero dueño de la misma esencia histórica. A la ex presidenta de la comunidad judía de Alemania Charlotte Knobloch, sobreviviente de la Shoá, y a quien mencionamos la semana pasada por sus declaraciones contra Alternativa para Alemania y su triunfo en Sajonia, le enviaron esta semana un mensaje amenazándola de muerte: “La AfD ha ganado, ahora colgaremos a Bloch”.
Mensajes así y similares hoy los firman los Mamdani en Estados Unidos o en Europa. Y son impunes usando el respaldo del voto y el silencio judicial. En Uruguay, la mesa política del partido de gobierno convoca a una marcha por una Palestina del río hasta el mar y lo hace el 8 de octubre, porque obviamente el 7 de octubre de 2023 no pasó nada que les moleste o preocupe. Convocan además con una consigna que propone borrar a Israel del mapa.
El terrorismo antisemita no sólo tiene quien le escriba, tiene quien lo sigue y además lo llaman “resistencia”. A través de Mamdanis enquistados en partidos políticos, la lucha de ideas ha sido sepultada. Ahora prevalecen las amenazas a la existencia




















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