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| martes septiembre 15, 2026

Beatriz Wasserman. Antisemitismo: señales que no podemos ignorar El retorno del viejo antisemitismo

Beatriz Wasserman/Porisrael.org


Imagen AI Beatriz Wasserman

Tres hechos ocurridos en unos pocos días y en distintos lugares encienden nuestras alarmas. Tres episodios que, en sí mismos, no están relacionados, en esferas diferentes y con protagonistas heterogéneos, pero unidos por un hilo conductor común: el antisemitismo que vuelve a mostrar su horripilante rostro sin disimulo. No son simples excesos verbales ni hechos que puedan definirse como incidentes aislados. Son señales de una realidad que los judíos estamos viviendo con creciente preocupación.

 

¿Por qué escogí precisamente estos tres acontecimientos? Porque, aunque ocurrieron en escenarios diferentes, los tres tienen un elemento colectivo que los hace especialmente inquietantes: no se trata del antisemitismo actual que utiliza a Israel como objetivo de sus ataques, sino de un antisemitismo clásico que retorna a señalar directamente a los judíos. Son viejos prejuicios y estigmas antisemitas que reaparecen bajo nuevas formas, se actualizan al lenguaje y a las circunstancias del presente y, gracias a las redes sociales, trascienden rápidamente las fronteras donde se originaron y alcanzan una enorme difusión. Los judíos vuelven a ser insultados y convertidos en motivo de odio no por lo que hagan o piensen, sino simplemente por ser judíos. Es la añeja lógica antisemita que convierte a los judíos en culpables por su propia identidad.

 

En una reciente marcha acaecida el 11 de septiembre de 2026 en la Ciudad de México se produjeron expresiones abiertamente antisemitas y discursos de odio contra los judíos, cuya mayor parte en ese país son ciudadanos mexicanos.

 

La movilización, convocada originalmente bajo consignas propalestinas por colectivos y organizaciones gremiales como “Sindicatos Unidos por la Desinversión”, marchó sobre la Avenida Presidente Masaryk, en la colonia Polanco.

 

Al pasar frente a una de las sinagogas más emblemáticas de la capital, coincidiendo significativamente con las celebraciones de Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío, un grupo de alborotadores emitió arengas discriminatorias explícitas, destacando la consigna “¡Fuera judíos de México!”. Testigos y analistas expresaron que las agresiones verbales no iban dirigidas a la política del gobierno de Israel, sino directamente contra la permanencia de la minoría judía en el país. Las fuerzas de seguridad federales y locales intervinieron rápidamente para evitar que las provocaciones escalaran a agresiones físicas.

 

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) expresó su “absoluta solidaridad y rechazo” a las marchas antisemitas ocurridas en la Ciudad de México y declaró su respaldo a la comunidad judía del país. En una carta dirigida al Comité Central de la Comunidad Judía de México y a Tribuna Israelita, la CEM calificó “del todo inaceptables” los brotes antisemitas ocurridos en la capital. “No existe causa o reivindicación que legitime expresiones semejantes en contra de pueblo alguno”, y este rechazo cobra especial relevancia cuando se trata del pueblo judío.

 

Casi de forma simultánea, otro incidente antisemita ocurrió en Madrid: El 8 de septiembre del presente año, durante la previa de un partido de fútbol de la Champions League, entre el Real Madrid y el Inter de Milán, un grupo de hinchas del equipo madrileño fue observado en los alrededores del Santiago Bernabéu, coreando un lema abiertamente antisemita: “judío que veo, judío que pateo”; incluso algunos realizaron el saludo nazi. Obviamente no es una consigna que exprese pasión futbolística; sin la menor duda, se trata de odio fanático contra los judíos. Está claro que el antisemitismo no puede esconderse detrás del fútbol, de las rivalidades ni del ambiente de un estadio, pero en este caso encontramos un agravante: la consigna no se limita a expresar odio contra los judíos, sino que contiene una amenaza explícita de violencia física. Se trata de un elemento particularmente inquietante, que además remite a una larga historia de agresiones antijudías en España.

 

Días antes de los dos eventos ya narrados, ocurrió un incidente con Brad Lander, quien es judío, fue contralor de la ciudad de Nueva York y en junio de 2026 ganó las primarias demócratas para el Congreso por el distrito 10 de Nueva York. Lander se define como sionista liberal, pertenece al ala progresista de la izquierda neoyorquina y en las internas demócratas contó con el respaldo del alcalde Zohran Mamdani, por ello es un caso particularmente llamativo. A fines de agosto de este año, frente al Madison Square Garden, Lander participaba en una manifestación contra el líder nacionalista hindú Mohan Bhagwat cuando fue increpado por otros asistentes que le exigieron que se fuera, le gritaron Zionist balls-k (equivalente a adulador servil, chupamedias), frase hostil, vulgar que busca deshumanizar y humillar, mezclando lenguaje soez y una carga de animadversión.

 

 

No podemos seguir tratando este tipo de escenas como simples “excesos” de un grupo de miembros de un sindicato o de aficionados al fútbol acalorados por la pasión… o de representantes políticos. El odio que se grita en las calles o en un estadio se termina normalizando en todos los ámbitos. Por ello, además de las leyes que deben normar el comportamiento ciudadano en países democráticos, las organizaciones sindicales, clubes deportivos y partidos políticos deben actuar: identificar, sancionar y estar muy atentos para prevenir estas lamentables embestidas antisemitas que, si se les permite continuar, se generalizarán y escalarán de las ofensas a las agresiones físicas, fenómeno que, lamentablemente, ya hemos enfrentado.

 

 
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