Dos décadas atrás, en mis tiempos de estudiante universitario en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires -carrera que en retrospectiva vería como un error de juventud y que corregiría con un posgrado especializado en asuntos mesoorientales años más tarde en el extranjero- me tomó por sorpresa, como a tantos otros, el anuncio del Acuerdo de Oslo entre el Estado de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina. A mis veintidós años no tenía ...