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| viernes abril 17, 2026

Yom HaShoá: entre la memoria y las agresiones

Dr. Eduardo Kohn/Radio Jai


Cuando esta semana, el pueblo judío recordó en todo el mundo el Día del Holocausto, la memoria de la mayor barbarie de la historia contemporánea encontró contrincantes en cada continente, no que estuvieran negando la Shoá (aunque eso también sigue sucediendo) sino que haciendo lo posible para que de alguna forma pueda repetirse. Volvemos a citar a Primo Levi, cuando hace varias décadas dijo que “lo ocurrido puede volver, las conciencias pueden volver a ser seducidas y oscurecidas: la nuestra también”.

Francia nos quiso hacer creer que otro régimen aliado de los nazis como el de Vichy que condujo el Mariscal Pétain no podría reiterarse. El medio millón de judíos (la comunidad judía más grande de Europa) estuvo convencido después de Vichy que las semillas plantadas hacía siglos no iban a germinar más. Sólo para tomar el siglo 21, veamos por qué la realidad de los hechos arrasó con las esperanzas, y no sólo eso, sino que se han encargado de contagiar e incentivar el antisemitismo a gran parte de Europa, desde el extremista de izquierda radical presidente de España Pedro Sánchez hasta la racista y xenófoba presidenta italiana Giorgia Meloni, pasando por la ultraizquierda noruega y el nazismo propiamente dicho que en Alemania tiene un crecimiento exponencial desde hace varias elecciones.

 

En 2002 durante Pesaj, sinagogas en Lyon y otras ciudades fueron incendiadas. En 2006, hace 20 años, en París, Ilan Halimi fue secuestrado, torturado y asesinado por ser judío. Del 11 al 19 de marzo de 2012, un francés de origen argelino, Mohamed Merah, asesinó primero soldados y civiles en dos localidades de Tolouse, y luego entró en el colegio judío y asesinó a una maestra, a un padre y sus tres hijos. En 2014, al grito de “judíos, ustedes tienen el dinero”, tres árabes entraron a un departamento en París, asesinaron a un joven de 21 años, a su novia de 19, a quien antes violaron. En 2015, hubo un ataque a un supermercado kosher en Ile de France donde tomaron rehenes e hirieron a varios; en Niza un terrorista de ISIS acuchilló a un guardia de una institución judía; en Marsella, tres judíos que estaban entrando a una sinagoga fueron acuchillados; y un maestro judío fue acuchillado por tres terroristas también Marsella. En 2016, otro maestro judío fue acuchillado en Marsella, otro hombre que usaba su kipá fue acuchillado en Estrasburgo. En 2017, la Dra. Sara Halimi fue asesinada en su departamento de París y al grito de “Alá es grande”, el asesino arrojó su cadáver a la calle desde su balcón. En 2018, la anciana sobreviviente de la Shoá Mireille Knoll fue descuartizada en su departamento en París. En 2019 se vandalizaron librerías, en 2019 se profanaron cementerios, entre ellos, 100 tumbas en Alsacia. En 2019 el académico y filósofo Alain Fikelkraut fue violentamente agredido por un grupo fascista que se hacía llamar “los chalecos amarillos”, y como se trató de alguien de tanto relieve, el presidente Macron dijo entonces que “semejante comportamiento no iba a ser tolerado”. Lo que ya no dijo es por qué se había tolerado hasta entonces y qué iba a hacer para que no sucediera más. En 2022 los actos de violencia antisemita en Francia llegaron a 500, se cuatriplicaron en 2023; los acuchillamientos, agresiones, vandalizaciones, que Macron no iba a tolerar continuaron con libertad su camino. Ya en 2024 los antisemitas incendiaron una sinagoga en Rouen, violaron a una niña judía de 12 años en Courbevoie. En enero de 2025 incendiaron sinagogas, edificios de la comunidad judía y comercios de dueños judíos en Rouen y París. En Orleans atacaron e hirieron al Rabino Arie Engelberg y su hijo. Y llegamos al momento de comprender la distancia entre la retórica de Macron y la realidad antisemita en Francia. En el festival de cine de Cannes del año pasado, Mia Schem, secuestrada y torturada por Hamas el 7/10/23, tuvo que quitarse una cinta amarilla por orden de los organizadores del festival. La cinta amarilla era una muestra de solidaridad con los secuestrados que seguían entonces en poder de Hamas. En febrero de este año los antisemitas atacaron a un niño judío en París y lo golpearon severamente, y en marzo una niña judía de 14 años también fue golpeada en la calle y se salvó de sufrir heridas mayores.

 

Este martes, mientras Israel se detenía y escuchaba una sirena en memoria de las víctimas del Holocausto, Israel y Líbano comenzaban a tener negociaciones directas en Estados Unidos. Estas negociaciones tienen posibilidad de avanzar porque Líbano pide ayuda a todo el mundo (y muy pocos lo escuchan) para librarse de la ocupación política y militar de Irán a través del grupo terrorista Hezbollah. Al salir de la primera ronda de conversaciones, el representante de Israel en las mismas, Embajador en EE. UU. Yechiel Leiter le dijo a la prensa textualmente:” Preferimos que Francia esté lo más lejos posible de todo, pero particularmente cuando estamos negociando paz”. Esto no es ni casual ni improvisado. Hezbollah lleva casi medio siglo ocupando Líbano. Francia, que se considera el padre y la madre del Líbano, ¿qué ha hecho en medio siglo para evitarle a los libaneses el sojuzgamiento de una milicia hiper armada por su creador Irán, salvo sumar retórica y dejar que se multiplicaran los atentados terroristas de Hezbollah? ¿Qué ha hecho Francia con su derecho a veto en la ONU para trabajar en serio por la independencia del Líbano en contra de su ocupación por un grupo teocrático y para salvar a los cristianos libaneses perseguidos y masacrados? ¿Qué ha hecho Francia con su poder en la ONU frente al bombardeo de Hezbollah contra las ciudades del norte de Israel desde el 7/10 que provocaron que Israel tuviera decenas de miles de refugiados en su propia tierra? Macron se opuso a la guerra con Irán, negó el espacio aéreo a Estados Unidos, pero no dijo nada del bombardeo de Hezbollah, otra vez, contra las ciudades del norte de Israel. Por el contrario, ha condenado y combatido el derecho de Israel a defenderse. La sombra de Vichy no ha desparecido nunca, pero en los últimos tres años, dejó de ser una sombra para convertirse en una figura clara que hoy se puede ver y que no vale la pena calificar porque se define sola. Y en cuanto al antisemitismo, el largo, aunque muy resumido racconto que hemos hecho sólo de este siglo, también nos recuerda, y más cuando conmemoramos Yom Hashoá, que a los judíos en Francia no los empujaban los alemanes para que entraran en los vagones de ganado rumbo a las cámaras de gas, los empujaban soldados franceses con su uniforme.

 

También esta semana Mahmoud Abbas otorgó una medalla a los familiares de Qadri Abu Bakr, que murió en un accidente de auto hace dos años. Bakr fue durante décadas el encargado palestino de pagar subvenciones de por vida a las familias de quienes asesinaban israelíes en actos terroristas. Asimismo, era quien entregaba las armas para perpetrar los crímenes. La entrega de la medalla el Día del Holocausto no fue una coincidencia. Abbas escribió su tesis doctoral en Moscú hace 43 años titulándola “Las relaciones secretas entre el sionismo y el nazismo”. Abbas escribió entre otras cosas en su tesis de la que se enorgullece que “los nazis mataron muchos menos judíos, apenas unos cientos de miles”. Abbas también escribió que “los sionistas querían que Hitler matara más judíos para poder negociar mejor al terminar la guerra”. Puntualizar que Mahmoud Abbas es un miserable es innecesario. Pero es a él a quien admiran Macron, Sánchez, Lula, Petro, Putin. Es a Abbas a quien Europa lo ha llenado de dinero por más de tres décadas para que pague subvenciones por matar ciudadanos civiles israelíes. Es a él a quien abraza el secretario general de la ONU, incapaz ya no de resolver un mínimo conflicto sino de mostrar un atisbo de honestidad intelectual.

 

En esta semana de recordación del Holocausto, la teocracia iraní que defienden enfermizamente otras dictaduras decidió convertir en obligatorio el enrolamiento de niños de 12 años. Un crimen de guerra que nadie va a denunciar por supuesto. Hitler también enroló adolescentes y niños al final de la guerra para que se inmolaran por Alemania. La coincidencia no es casualidad.

 

El presidente de España en homenaje a la Inquisición y al antisemitismo fascista que gobernó su país 4 décadas, rompió de hecho relaciones con Israel y abrió una Embajada en Teherán. Desde que Sánchez está en el poder, España ha vendido cientos de millones de dólares en material de guerra a Irán. No todo es amor ideológico, aunque sí, contra la nación judía es odio ancestral.

 

Recordar es imprescindible. La memoria es esencial. Pero mucho más cuando gran parte de Europa luce como en 1933, y varios partidos políticos y gobiernos en América Latina ponen todo su esfuerzo por hacer lo mismo.

 

 
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