Sin ninguna tentación de interpretación teológica (¡dios me guarde!), pero con inagotable curiosidad por los conceptos de trascendencia religiosa, osaría decir que las dos grandes festividades de la Pascua, la hebrea y la cristiana, envían un mismo y poderoso mensaje: el de la esperanza. Es decir que, más allá de la renovación de la fe religiosa y de la lógica glorificación a Dios, tanto la Pésaj judía como la Pascua cristiana son un grito en favor de la humanidad, porque se basan en la convicción de que, ...
































