El mismo día que los londinenses elegían alcalde a Sadiq Khan, un laborista musulmán hijo de inmigrantes paquistaníes, Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha y también socialista, entregaba en Toledo un premio a alguien cubierto con un niqab negro. Fue presentado como mujer, pero podía ser un hombre: la vestimenta sólo dejaba ver sus gafas y, al contrario de lo común al vestir esa cárcel femenina de tela que oculta frecuentemente a terroristas sunitas, mostraba unas manos no enguantadas, muy grandes ...
































