Sahar [el nombre se ha cambiado por razones de seguridad] desearía haber podido abofetear al jeque saudí, igual que hizo con los taxistas que le pidieron que les proporcionara jovencitas sirias. En vez de eso, dijo simplemente “no” y le advirtió de que si volvía a aparecer por esa mezquita le cortaría la barba. Dice que luego se marchó, dando un portazo. No fue un accidente, ni el jeque fue el único que le pidiera que hiciera de casamentera. Pocos meses ...






























