En comparación con las poblaciones locales, los judíos de las diásporas siempre destacamos por la multitud de orígenes geográficos, aunque dicha distinción se ha ido esfumando a medida que el mundo ha ido globalizándose. No pasa, sin embargo, lo mismo con nuestros nombres (o, al menos en mi caso). Los varones judíos recibimos por proclamación el nuestro (shem hakodesh, el nombre sagrado) durante la circuncisión, mediante la fórmula tradicional con el “ben” y el nombre (sagrado) del padre en lugar ...
































