El ápice de la crisis estival entre Turquía y Estados Unidos, en teoría dos aliados en la OTAN, ha dado paso a un pesimismo cauto. Pocos turcos recuerdan hoy los días de las multitudinarias protestas contra el presidente Donald Trump y su Administración; protestas a menudo pueriles, como cuando las turbas se reunieron para quemar dólares falsos o destrozar iPhones delante de las cámaras. Lo de ahora es una calma extremadamente frágil. Tras mantener vacante el puesto desde octubre de 2017, el pasado día ...
































