La gran promesa de las cartas que se cruzaron el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) Yaser Arafat en septiembre de 1993 consistía en que Israel y los palestinos (y el mundo árabe en general) parecían estar en el umbral de la paz. Al fin y al cabo, Israel había reconocido a la OLP como único representante legítimo del pueblo palestino. Y la OLP, por su parte, renunció oficialmente a la violencia, accedió a negociar ...
































